EL CONDE ANSÚREZ: UNA EXPOSICIÓN EN EL MUSEO DE VALLADOLID

Desde tiempo inmemorial, la tradición ha hecho del Conde Pedro Ansúrez un gran antepasado de los vallisoletanos, adjudicándole fundaciones y hechos que no parecen probados, pues la investigación arqueológica y documental hasta ahora pocas evidencias ha aportado sobre el origen de nuestra ciudad y la presencia en ella del Conde y su esposa Eilo.

Con ocasión del noveno centenario del fallecimiento del Conde, el Museo de Valladolid ha organizado una exposición que nos adentra en los entresijos que se conocen de Valladolid y de las andanzas ansurianas por estas tierras.

Una exposición sencilla, seriamente documentada, didáctica y amena que no nos debemos perder.

Se trata de una colección de piezas conservadas en el Museo que dan testimonio de la historia de Valladolid y su conde. Historia real o imaginada construida a lo largo de los siglos entre la verdad y la leyenda.

A estas piezas se une una maqueta del Valladolid de Ansúrez con una proyección audiovisual que recorre los lugares más significativos de aquella aldea medieval;  y un documental que repasa la vida del Conde hasta su fallecimiento.

Su fallecimiento se conmemora en este año 2018 no por que exista una fehaciente documentación que así acredite su muerte, al igual que la fecha de su nacimiento también es incierta, sino porque se sabe que en marzo de 2017 todavía aparece firmando en un documento real, y al no existir ya ningún otro rastro posterior  los historiadores han convenido que debió fallecer en este año que corre.

En cualquier caso, son muchos los historiadores que consideran a Ansúrez como el personaje más influyente de los reinos cristianos del noroeste español.

Pero, mejor vayamos a ver algunos detalles de la exposición.

 

Antes de acceder a la sala de la exposición nos encontraremos con esta instalación  que en el patio del palacio de Fabio Nelly reproduce el mosaico de Diana y las estaciones,  que procedente de la villa romana de  Villa de Prado, se conserva en la sala VIII del Museo. El mosaico ha sido realizado por el alumnado de la Escuela de Ingenierías Industriales de Valladolid.

 

El Valladolid del Conde Ansúrez nos recibe en la primera planta.

 

Panorámica general de la sala con la maqueta del Valladolid antiguo en el centro.

 

Detalle de la maqueta. A la derecha, la colegiata que se consagró en 1095  y  en cuyo entorno nació un nuevo barrio de la aldea. Este asentamiento ansuriano saltaba uno de los ramales de la Esgueva lo que obligó a construir algunos de los numerosos puentes que Valladolid llegó a tener. Obsérvese como la aldea del siglo XI que se encontró Ansúrez utilizada el ramal más próximo a la población a modo de frontera defensiva. Al fondo, sobre el Pisuerga (como Pisorize se le nombra en un documento de 1084) el puente de madera que se construyó en aquella época.

 

Panorámica del Valladolid que comenzaba a emerger: el número 1 indica la colegiata que mandara edificar Ansúrez y su esposa Eilo; el número 2 señala la parroquia de San Pelayo, de la que como la de San Julián, no hay certeza alguna que ya existiera antes de la llegada del Conde; el número 3 indica la parroquia de San Julián. Desde luego, existieran antes del Conde o las mandara edificar éste, lo cierto es que Ansúrez las donó más tarde a la Colegiata, lo que evidencia que, de una manera u otra, fueron  de su propiedad. Bajo el plano, restos romanos que aparecieron en la zona de la Colegiata. Se piensa que en tiempos del Conde algo se sabía de la existencia de aquellos antiguos asentamientos romanos y que por esa razón aquí mando construir su magna obra religiosa. De Santa María de la Antigua no hay referencias escritas hasta la segunda mitad del siglo XII, ya bien lejos de la vida del Conde, lo que arroja incertidumbre acerca de si se construyó en vida de aquel.

 

Curiosa imagen que se puede ver en el documental de la exposición: la Colegiata de Santa María la Mayor sobrepuesta a un mural de Eugenio Oliva que hay en el Círculo de Recreo y que representa al Conde supervisando los planos de la Colegiata que se estaba construyendo.

 

Monedas de la época.

 

Moneda que acuñó Ansúrez durante su estancia en Urgell (1104-1109) para defender los intereses de su nieto Armengol VI aún menor de edad. En ella se lee: PETRUS COMES- URGELLO DUX. No está muy claro si la acepción “dux”, se refiere a señor de Urgell o a caudillo, cosa baladí en principio pero que puede “escocer” según a quién si se trataba del “dueño” (señor), o de un defensor circustancial  (caudillo) de los intereses de aquellos lares.

 

 Imagen que se proyecta en el documental en el que se ve claramente los territorios y poblaciones en los que Ansúrez ejerció su autoridad.

 

Algunos de los escudos bordados en los siglos XVI-XVII. En uno de ellos pueden verse las aldabas (anillas) que con frecuencia se asocian al Conde. El origen de estas aldabas también se pierde en la bruma de la historia. Veamos: parece que estuvieron clavadas en las puertas de la Antigua, que se sepa, en el siglo XIV; que procedían de las puertas de Córdoba; que las arrebató de aquellas puertas sarracenas Armengol VI; o acaso Alfonso VI.  Y el ajedrezado que tanto se asocia a Ansúrez es, con pocas dudas, un escudo que aparece muy posteriormente a la vida del Conde y que fue característico de los Armengoles. En cualquier caso, cierto es que en tiempos ansurianos no existía aún heráldica. Otra cosa es que la tradición le adjudique al Conde este típico ajedrezado que, por otra parte, era común a otras figuras señeras de la Edad Media.

 

Espada que la tradición atribuye al Conde, pero quedan pocas dudas de  que en realidad se trata de un arma del siglo XV.

 

Cirios de la Cofradía de Santa María de la Esgueva, del siglo XVIII, y que se asocian a Ansúrez por creer que el palacio (luego hospital) de Santa María de la Esgueva fue una fundación hecha en vida del Conde y su esposa Eilo.

 

Diferentes instantáneas del documental que se proyecta en la exposición y que no hay que perderse: las guerras fraticidas entre Sancho II y sus hermanos; Alfonso, que perdió la guerra provocada por su hermano Sancho se refugia en Toledo,  acompañado de Ansúrez, bajo el dominio de  Al-Mamún; y conquista de Toledo por Alfonso VI en el año 1085.

 

… Y con los condes Ansúrez y Eilo nos despedimos de la visita a esta interesante exposición en el Museo de Valladolid. Mas, es buena ocasión para visitar el resto de las salas del Museo.

 

NOTAS: para la confección de este artículo me han sido de mucha utilidad los comentarios que me hizo Fernando Pérez Rodríguez-Aragón, Conservador del Museo de Valladolid.

La exposición estará abierta hasta diciembre.

Sobre el Museo de Valladolid hay un artículo en este mismo blog.

HORARIOS: julio a a septiembre de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00

Domingos y festivos solo mañana,  y los lunes está cerrado.

De octubre a junio el horario de tarde es de 16:00 a 19:00

 

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EL ROSTRO DE DON PERO ANSÚREZ

El Conde Ansúrez fue un personaje inteligente y culto. Conocedor de la lengua árabe, lo que le valió  ser interlocutor de los reinos cristianos con los califas musulmanes; y emparentó con los Armengol del Condado de Urgel.

Y traigo esto a cuento para situar en brevísimas palabras el perfil del personaje al que se atribuye la fundación de Valladolid. Aunque más propio sería decir que a caballo del siglo XI y XII engrandeció o repobló Valladolid, que entonces no era más que una pequeña aldea.

No hay mucha literatura de Ansúrez y algunos aspectos de su vida están envueltos en la niebla: no se ha podido establecer con precisión  el año de su muerte, que se hace oscilar entre 1117 y 1118 (incluso algún investigador lo lleva hasta 1119). Pero lo cierto es que existe un documento con su firma fechado en marzo de 1117.

Ni siquiera su enterramiento está exento de cierto misterio: aún se puede leer en muy recientes artículos  que sus primeros restos, hasta que recalaron en la catedral de Valladolid,  descansaron en el monasterio de San Benito, de Sahagún (León), como los de su hijo Alfonso.

Pero parece ya suficientemente probado que el Conde tuvo su primera morada mortuoria en la antigua Colegiata de Valladolid.

En el año 1095 se consagró la Colegiata. Era un pequeño edificio románico, del que se conserva aún parte de él  reconocible, en lo que tiene que ver con la torre. Se trataba de un enclave elevado de la ciudad, aunque un tanto apartado del caserío en su época.

Si hacemos caso a José Zurita Nieto, en su libro sobre el Conde, fechado en 1918, los restos de Ansúrez se acomodaron debajo del coro alto de la Colegiata, y en 1674 se trasladan a la nueva Catedral, que terminaron recalando en la capilla que hay junto al Evangelio, perfectamente accesible a cualquier visitante.

En el Archivo Municipal se conservan unas fotografías, muy recientemente digitalizadas a partir de que me “tropecé” con los negativos originales en una caja que contenía diversos documentos. La caja tenía fotografías de una especie de exhumación de los restos de Ansúrez llevado a cabo en la Catedral el año 1979. Exactamente el 3 de febrero de aquel año.

En definitiva, un buen pretexto para aproximarnos a la imagen del repoblador de la ciudad.

 

 

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Del sepulcro del Conde  nos da  el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid con esta escueta noticia: “Sepulcro del Conde Pedro Ansúrez; escultura en madera policromada, de hacia 1585, reja de siglo XVII y pintura sobre tabla de San Miguel, del último tercio del siglos XVI”.  A su lado,  un retablo neoclásico de la Crucifixión, original del flamenco Michel Coxcie.

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Imágenes de la exhumación de los restos del Conde. Año 1979. En la primera fotografía aparecen el historiador Jesús Urrea y el canónigo archivero Vicente Rodriguez Valencia (Archivo Municipal de Valladolid)

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Escultura del sepulcro y primer plano de su rostro

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Escultura que preside la plaza Mayor de Valladolid. Levantada en 1903 y esculpida por Aurelio Rodríguez Vicente Carretero (autor, también, del monumento a Zorrilla). El pedestal de la escultura recrea algunas escenas de la vida del Conde y fue realizado por el arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla

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Retrato del conde en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Valladolid, un óleo anónimo realizado a finales del s. XIX

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En Mucientes se conserva un óleo  de 1890 del pintor vallisoletano Sánchez Santaren en el que se ve a Ansúrez, junto a su esposa Eylo, estudiando los planos de la iglesia de la Antigua. Una escena similar hay en un fresco que se conserva en el Casino de Valladolid

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Cedido por la Diputación, el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid muestra un lienzo de un Conde Ansúrez idealizado al gusto de la época. Su autor, Pedro Díaz Minaya, 1606…

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 … Y una copia de este lienzo la realizó Samuel Luna en 1898, que lo conserva la Diputación Provincial

 
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 En el techo del mismo salón municipal, un fresco realizado por Gabriel Osmundo Gómez representa, de nuevo, al Conde y su esposa estudiando los planos de la Antigua. A su alrededor se muestran las armas y el poder que ostentaba. Si nos fijamos un poco más veremos que el arquitecto sujeta de su mano un plano del puente Mayor (aunque ya sabemos que no se construyó en vida del Conde).  Por cierto una de las vidrieras del mismo salón reproduce el rostro de Ansúrez, entre los de los Reyes Católicos y Felipe II

DE LA PIEDRA AL HIERRO: UN PASEO ENTRE PUENTES

Cuando  el Conde Ansúrez recaló en la aldea  que luego llegaría a convertirse en Valladolid, es seguro que el Pisuerga, río caudaloso, lo viera desde la orilla opuesta al barrio de la Victoria. Había venido con un pequeño acompañamiento de soldados y algunos leales vasallos para, mandado por su rey, repoblar tierras y pacificar las relaciones con los musulmanes. Ansúrez era muy apreciado por la corte  y, además, dominaba el árabe, lo que le hacía idóneo para mantener relaciones diplomáticas con los sarracenos.

Necesariamente tuvo que ver el esplendor del Pisuerga a su paso por Valladolid desde esta orilla, pues a buen seguro tuvo que haber vadeado el río en tierras palentinas, donde su menor caudal y mayor estrechez permitiría cruzar las aguas, o por el puente de Cabezón de Pisuerga, de factura anterior al puente Mayor. Además tenía que reconocer el terreno de esta parte de Valladolid y parlamentar con la gente de Cabezón de Pisuerga, población de la que entonces dependía Valladolid, que entre el Pisuerga y las Esguevas ya daba noticias de su existencia desde hacía más de un siglo.0-crop

Luego vendría la construcción del puente que, evidentemente, no es el que ahora vemos, sino seguramente tuviera una primera construcción de madera que iría dando paso a otra construcción ya en piedra. Además, durante la Guerra de la Independencia se volaron algunos ojos del puente.

En cualquier caso tenemos, para comenzar un largo paseo, un puente de origen medieval (s. XI) que recibe el nombre de Mayor porque así se conocía por entonces al Pisuerga: río Mayor, acaso para distinguirlo de las pequeñas Esguevas y otros arroyos que correrían por la zona, como el río Olmos,  que discurría por el actual barrio de la Rubia.

Cruzamos el río Mayor y nos dirigimos hacia la orilla derecha para, a la altura del edificio Duque de Lerma, bajarnos hacia la única pared que se conserva del antiguo palacio de la Ribera, sede veraniega de la corte a principios del XVII. A la altura de los restos de la antigua fábrica de luz, sitúa la historia (en cualquier caso por confirmar) que se hizo la primera inmersión de buzos en la historia mundial: el ingeniero Jerónimo de Ayanz (que por entonces residía en Valladolid) fue su inventor y asombró a la corte que, con Felipe III a la cabeza,  acudió a dar fe de la hazaña.

Pasado el palacio de la Ribera de nuevo subimos al asfalto para, frente al edificio de Cruz Roja, volver a caminos en tierra por los que, de forma más o menos intermitente, llegaremos hasta el segundo puente que se levantó en Valladolid: el Colgante. Este puente es un emblema de la modernidad y fue una demostración del hierro como nuevo y desafiante material para la construcción.

Iremos pasando, por arriba o por abajo, todos los puentes que se fueron construyendo para ensanchar Valladolid en torno a la Huerta del Rey: Poniente (1954), Isabel la Católica (1956), y García Morato (1961) hasta llegar al puente Colgante que, levantado en 1865, es el lugar por donde cruzaremos de orilla para volver hacia el Mayor.

Los pies de las fotografías que acompañan esta propuesta de paseo ilustran algunas referencias que no debemos perdernos en este itinerario que, según lo que nos entretengamos en cada lugar, no llegará a dos horas (unos 6 kilómetros).

El verano es una de las mejores estaciones para pasear alrededor del Pisuerga, lleno de vida.

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A la izquierda, boca por la que desemboca el canal de Castilla, y hueco en el que estaba instalado el ingenio de Zubiaurre (inmensa noria para abastecer el palacio de la Ribera), y detrás, pintado de verde, la antigua fábrica de harinas la Perla, ahora convertida en hotel.

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La antigua fábrica de la luz.

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Puente Colgante (o de Hierro) y al fondo la torre del Museo de la Ciencia.

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Antes de cruzar el puente Colgante fijarse en el restaurante La Goya, uno de esos establecimientos veteranos, fundado en 1902.

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Nada más pasar el puente Colgante, a la derecha, esta construcción tiene un gran pozo a su costado, pertenece a RENFE y es desde donde se abastecía de agua la estación de Valladolid hasta que hubo agua corriente en la ciudad.

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Una de las plataformas que permiten entrar en contacto directo con el agua del Pisuerga.

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Restos de las antiguas tenerías, donde se curtían los cueros.

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La caseta de El Catarro, barquero mítico y popular ya fallecido.

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Restos del palacio de la Ribera, a la izquierda el barco de recreo que surca las aguas del río.

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Lo que queda de las aceñas, antiguo molino que en el XIX ya estaba en desuso.