EL ROSTRO DE DON PERO ANSÚREZ

El Conde Ansúrez fue un personaje inteligente y culto. Conocedor de la lengua árabe, lo que le valió  ser interlocutor de los reinos cristianos con los califas musulmanes; y emparentó con los Armengol del reino de Aragón y Cataluña, lo que hizo que éstos tuvieran un papel relevante en el desarrollo de esta pequeña aldea que era, entonces, Valladolid, sin que, hasta le fecha, la ciudad haya reconocido de alguna manera aquella  importante presencia catalana.

Y traigo esto a cuento para situar en brevísimas palabras el perfil del personaje al que se atribuye la fundación de Valladolid. Aunque más propio sería decir que “engrandeció” una insignificante población que en el siglo XII era un núcleo dependiente de Cabezón.

No hay mucha literatura de Ansúrez y algunos aspectos de su vida están envueltos en la niebla: no se ha podido establecer con precisión  el año de su muerte, que se hace oscilar entre 1117 y 1118 (incluso algún investigador lo lleva hasta 1119).

Ni siquiera su enterramiento está exento de cierto misterio: aún se puede leer en muy recientes artículos  que sus primeros restos, hasta que recalaron en la catedral de Valladolid,  descansaron en el monasterio de San Benito, de Sahagún (León), como los de su hijo Alfonso.

Pero parece ya suficientemente probado que el Conde tuvo su primera morada mortuoria en la antigua Colegiata de Valladolid.

En el año 1100 Pedro (Pero)  Ansúrez donó la Colegiata a su primer abad. Era un pequeño edificio románico, del que se conserva aún parte de él  perfectamente reconocible, sobre todo la torre. Se trataba de un enclave elevado de la ciudad, aunque un tanto apartado del caserío en su época.

Si hacemos caso a José Zurita Nieto, en su libro sobre el Conde, fechado en 1918, los restos de Ansúrez se acomodaron debajo del coro alto de la Colegiata, y en 1674 se trasladan a la nueva Catedral, que terminaron recalando en la capilla que hay junto al Evangelio, perfectamente accesible a cualquier visitante.

En el Archivo Municipal se conservan unas fotografías, muy recientemente digitalizadas a partir de que me “tropecé” con los negativos originales en una caja que contenía diversos documentos. La caja tenía fotografías de una especie de exhumación de los restos de Ansúrez llevado a cabo en la Catedral hacia 1965.

En definitiva, un buen pretexto para aproximarnos a la imagen del fundador de la ciudad.

 

 

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Del sepulcro del Conde se nos da esta escueta noticia en el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid: “Sepulcro del Conde Pedro Ansúrez; escultura en madera policromada, de hacia 1585, reja de siglo XVII y pintura sobre tabla de San Miguel, del último tercio del siglos XVI”.  A su lado,  un retablo neoclásico de la Crucifixión, original del flamenco Michel Coxcie.

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Imágenes de la exhumación de los restos del Conde. Año 1979. En la primera fotografía aparecen el historiador Jesús Urrea y el canónigo archivero Vicente Rodriguez Valencia (Archivo Municipal de Valladolid)

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Escultura del sepulcro y primer plano de su rostro

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Escultura que preside la plaza Mayor de Valladolid. Levantada en 1903 y esculpida por Aurelio Rodríguez Vicente Carretero (autor, también, del monumento a Zorrilla). El pedestal de la escultura recrea algunas escenas de la vida del Conde

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Retrato del conde en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Valladolid, un óleo anónimo realizado a finales del s. XIX

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En Mucientes se conserva un óleo  de 1890 del pintor vallisoletano Sánchez Santaren en el que se ve a Ansúrez, junto a su esposa Eylo, estudiando los planos de la iglesia de la Antigua. Una escena similar hay en un fresco que se conserva en el Casino de Valladolid

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Cedido por la Diputación, el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid muestra un lienzo de un Conde Ansúrez idealizado al gusto de la época. Su autor, Pedro Díaz Minaya, 1606…

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 … Y una copia de este lienzo la realizó Samuel Luna en 1898, que lo conserva la Diputación Provincial

 
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 En el techo del mismo salón municipal, un fresco realizado por Gabriel Osmundo Gómez representa, de nuevo, al Conde y su esposa estudiando los planos de la Antigua. A su alrededor se muestran las armas y el poder que ostentaba. Si nos fijamos un poco más veremos que el arquitecto sujeta de su mano un plano del puente Mayor (aunque ya sabemos que no se construyó en vida del Conde).  Por cierto una de las vidrieras del mismo salón reproduce el rostro de Ansúrez, entre los de los Reyes Católicos y Felipe II

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DE LA PIEDRA AL HIERRO: UN PASEO ENTRE PUENTES

Cuando  el Conde Ansúrez recaló en la aldea  que luego llegaría a convertirse en Valladolid, es seguro que el Pisuerga, río caudaloso, lo viera desde la orilla opuesta al barrio de la Victoria. Había venido con un pequeño acompañamiento de soldados y algunos leales vasallos para, mandado por su rey, repoblar tierras y pacificar las relaciones con los musulmanes. Ansúrez era muy apreciado por la corte  y, además, dominaba el árabe, lo que le hacía idóneo para mantener relaciones diplomáticas con los sarracenos.

Necesariamente tuvo que ver el esplendor del Pisuerga a su paso por Valladolid desde esta orilla, pues a buen seguro tuvo que haber vadeado el río en tierras palentinas, donde su menor caudal y mayor estrechez permitiría cruzar las aguas, o por el puente de Cabezón de Pisuerga, de factura anterior al puente Mayor. Además tenía que reconocer el terreno de esta parte de Valladolid y parlamentar con la gente de Cabezón de Pisuerga, población de la que entonces dependía Valladolid, que entre el Pisuerga y las Esguevas ya daba noticias de su existencia desde hacía más de un siglo.0-crop

Luego vendría la construcción del puente que, evidentemente, no es el que ahora vemos, sino seguramente tuviera una primera construcción de madera que iría dando paso a otra construcción ya en piedra. Además, durante la Guerra de la Independencia se volaron algunos ojos del puente.

En cualquier caso tenemos, para comenzar un largo paseo, un puente de origen medieval (s. XI) que recibe el nombre de Mayor porque así se conocía por entonces al Pisuerga: río Mayor, acaso para distinguirlo de las pequeñas Esguevas y otros arroyos que correrían por la zona, como el río Olmos,  que discurría por el actual barrio de la Rubia.

Cruzamos el río Mayor y nos dirigimos hacia la orilla derecha para, a la altura del edificio Duque de Lerma, bajarnos hacia la única pared que se conserva del antiguo palacio de la Ribera, sede veraniega de la corte a principios del XVII. A la altura de los restos de la antigua fábrica de luz, sitúa la historia (en cualquier caso por confirmar) que se hizo la primera inmersión de buzos en la historia mundial: el ingeniero Jerónimo de Ayanz (que por entonces residía en Valladolid) fue su inventor y asombró a la corte que, con Felipe III a la cabeza,  acudió a dar fe de la hazaña.

Pasado el palacio de la Ribera de nuevo subimos al asfalto para, frente al edificio de Cruz Roja, volver a caminos en tierra por los que, de forma más o menos intermitente, llegaremos hasta el segundo puente que se levantó en Valladolid: el Colgante. Este puente es un emblema de la modernidad y fue una demostración del hierro como nuevo y desafiante material para la construcción.

Iremos pasando, por arriba o por abajo, todos los puentes que se fueron construyendo para ensanchar Valladolid en torno a la Huerta del Rey: Poniente (1954), Isabel la Católica (1956), y García Morato (1961) hasta llegar al puente Colgante que, levantado en 1865, es el lugar por donde cruzaremos de orilla para volver hacia el Mayor.

Los pies de las fotografías que acompañan esta propuesta de paseo ilustran algunas referencias que no debemos perdernos en este itinerario que, según lo que nos entretengamos en cada lugar, no llegará a dos horas (unos 6 kilómetros).

El verano es una de las mejores estaciones para pasear alrededor del Pisuerga, lleno de vida.

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A la izquierda, boca por la que desemboca el canal de Castilla, y hueco en el que estaba instalado el ingenio de Zubiaurre (inmensa noria para abastecer el palacio de la Ribera), y detrás, pintado de verde, la antigua fábrica de harinas la Perla, ahora convertida en hotel.

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La antigua fábrica de la luz.

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Puente Mayor, al fondo la torre del Museo de la Ciencia.

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Antes de cruzar el puente Colgante fijarse en el restaurante La Goya, uno de esos establecimientos veteranos, fundado en 1902.

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Nada más pasar el puente Colgante, a la derecha, esta construcción tiene un gran pozo a su costado, pertenece a RENFE y es desde donde se abastecía de agua la estación de Valladolid hasta que hubo agua corriente en la ciudad.

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Una de las plataformas que permiten entrar en contacto directo con el agua del Pisuerga.

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Restos de las antiguas tenerías, donde se curtían los cueros.

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La caseta de El Catarro, barquero mítico y popular ya fallecido.

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Restos del palacio de la Ribera, a la izquierda el barco de recreo que surca las aguas del río.

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Lo que queda de las aceñas, antiguo molino que en el XIX ya estaba en desuso.