CEMENTERIOS: ¡DEJEN DE ENTERRAR EN LAS IGLESIAS!

No me detengo en ningún municipio sin intentar pasear por el interior de su cementerio: cosa harto difícil, pues suelen estar cerrados, salvo fechas señaladas, como la de Difuntos.

Y propongo, precisamente en torno a esta fecha, una breve lectura sobre los cementerios.

Empezaré por uno de los epitafios más bonitos que he leído, como es este que cuelga en la pared de la iglesia de San Román de Hornija y que le dedicó el rey Chindasvinto a su joven esposa Reciberga. Comienza así:

SI SE PUDIESE EVITAR LA MUERTE DANDO JOYAS Y ORO
NINGÚN MAL PODRÍA ACABAR CON LA VIDA DE LOS REYES.

PERO, COMO LA SUERTE GOLPEA POR IGUAL A TODOS LOS MORTALES,
NI EL DINERO SALVA A LOS REYES, NI EL LLANTO A LOS POBRES.0

DESDE AQUÍ, ESPOSA, PORQUE NO PUDE VENCER AL DESTINO,
CONCLUIDO TU FUNERAL, TE ENCOMIENDO A LA PROTECCIÓN DE LOS SANTOS…”

Y sobre difuntos, que otra mayor obra de teatro que el famoso Juan Tenorio, de José Zorrilla.

Pero, vayamos a contar muy sucintamente como comenzaron los cementerios en España.

“La obligación de construir cementerios por parte de los Ayuntamientos fue un largo  proceso que se inicia a finales del s. XVIII, y que  hasta bien entrado el XIX no se materializó definitivamente en todas las poblaciones.

Tuvo que ponerse serio el gobierno de la Nación para que los municipios terminaran por hacer caso a las órdenes de construir cementerios, debido a que en muchos casos los regidores iban demorándose en la aplicación de la ley tanto por razones económicas como por no buscarse enfrentamientos con el clero. En el caso de Valladolid,  el 30 de julio de 1833 el Boletín Oficial de la Provincia conminó a la construcción de cementerios en los pueblos que no lo tuvieran y a que cesara el enterramiento de cadáveres en las iglesias.

De esta fecha data el primer enterramiento que se practicó en el cementerio del Carmen de Extramuros de Valladolid: 1 de septiembre de 1833.00

Hasta que se generalizó la construcción de camposantos,  los enterramientos se hacían en el interior de las iglesias y sus cementerios anejos, o en los cementerios de los hospitales. Y bien les costó al Gobierno de la Nación y a los regidores municipales adquirir la completa titularidad de los cementerios, pues la Iglesia católica disputó enconadamente para no perder la hegemonía en los asuntos de la muerte y el más allá, dado que el giro que imprimió Carlos III a las viejas prácticas funerarias, supuso que el Estado (delegando en los ayuntamientos) se arrogaba un derecho que la Iglesia consideraba que era exclusivamente suyo. Es decir, que la secularización de los cementerios lo consideró como un expolio de su propiedad.

Las disputas entre el poder civil y la iglesia no quedaron definitivamente resueltas, y se reavivaron con frecuencia, como cuando en  1934 las autoridades municipales, por orden gubernativa, derribaron  las tapias que separaban los cementerios civiles de los religiosos, pues la Iglesia se pronunció indicando  el carácter maldito, desde el punto de vista teológico, de los cementerios civiles, y rechazó que los católicos fueran enterrados en estos.”

(Extracto de uno de los capítulos de mi libro en espera de publicación: “Patrimonio del común de los municipios de Valladolid”)

Y contado esto, sugiero unas cuantas referencias de cementerios vallisoletanos.

1

Antiguo cementerio de Castronuevo de Esgueva, a la salida del municipio

 2

Cementerio de Villaverde de Cerrato

 3

Restos del viejo cementerio de Corcos

 4

Cementerio de Aldeayuso, como en otros municipios, aprovechando los terrenos de la iglesia

 5

En Nava del Rey se impidió especular con los terrenos del cementerio antiguo plantando árboles

 6

Si se sabe mirar, un cementerio también forma parte del paisaje, como el de Serrada

7

En Villalán de Campos se aprovecharon los restos de una antigua iglesia para construir el cementerio

SAQUEN LOS MUERTOS DE LAS IGLESIAS

En estas fechas de especial recuerdo de los seres queridos que abandonaron este mundo, parece interesante dar unas breves pinceladas sobre el  origen de los cementerios. (en la foto, detalle del cementerio de Tordesillas)

Los prolegómenos que desembocaron en la Real Cédula de 3 de abril de 1787 (que tenía por título “Restablecimiento de la Disciplina de la Iglesia en el uso y construcción de cementerios, según el Ritual Romano”,  que en tiempo de Carlos III impulsaron los ministros ilustrados con Floridablanca a la cabeza), fueron motivo de una larga y áspera polémica, pues en la cuestión de la creación de cementerios intervinieron argumentos políticos, científicos y religiosos, y también económicos, pues la iglesia, mediante los enterramientos, obtenía buenos  ingresos: más pagaba la familia del difunto cuanto más cerca del altar se le enterrara. Además, los más ricos pagaban por construir capillas anejas a la nave central de las iglesias, donde enterraban a sus difuntos.cementerio de tordesillas 1

Muchos fueron los prejuicios y las supersticiones  que había que vencer, porque  se consideraba que al enterrar los cadáveres en el suelo de los recintos sagrados,  el difunto quedaba bajo la protección divina y, además, era el punto de unión del muerto con sus deudos. El problema era que con frecuencia ni el espeso humo de las velas ni el aroma del incienso llegaban a disimular el hedor que producían los cadáveres en descomposición depositados en  tierra bajo las losas de los templos. En esas condiciones, las iglesias, decían los médicos higienistas, eran lugares insalubres.

Para poder llevar adelante esta trascendental iniciativa era necesaria la colaboración de los municipios, y aún tendrían que pasar  muchos años para que en todas las poblaciones se construyeran cementerios y únicamente en ellos se enterrara a los difuntos. De hecho no fue hasta 1833 que el gobierno de España ya obligó tajantemente a enterrar en cementerios fuera de las iglesias y las poblaciones.