PUENTES DE LA CAMPIÑA DEL PISUERGA

La campiña del Pisuerga es una de  las viejas comarcas vallisoletanas. Una vez que la aldea de Valladolid compró su independencia a Cabezón,  fue configurando un alfoz de amplísima influencia y tamaño. A él llegaron a pertenecer poblaciones tales como Peñaflor de Hornija, Cigales, Villanubla, Renedo, Portillo, Tudela de Duero y otras. Municipios que, sin embargo, con el paso del tiempo pasaron a formar parte de otras comarcas: Torozos, Esgueva o Tierra de Pinares.

La feracidad de las tierras cerealistas, la presencia de abundante agua y un clima relativamente benigno, hicieron que el entorno del Pisuerga fuera visitado por vacceos, romanos, visigodos y musulmanes, hasta que las tropas cristianas repoblaron definitivamente la vieja Castilla. La presencia humana en las orillas del Pisuerga se remonta a la Edad del Hierro, y esto ha dejado un importante yacimiento arqueológico en el extenso meandro que, conocido como Soto de Medinilla, forma el río ya a punto de entrar en Valladolid.

En la campiña del Pisuerga, que está prácticamente en el punto más bajo de la cuenca del Duero, confluyen varios ríos que se suman a los citados Pisuerga y Duero, tales como el Esgueva, el Cega o el Adaja. Razón por la cual hay en Valladolid y entorno numerosos e interesantes puentes, entre los que se encuentran algunos que fueron muy importantes en la historia de la vieja Castilla. Puentes que en algunos casos seguramente tienen origen romano aunque nada quede de aquella originaria construcción. Mas, han sido imprescindibles para la red cañariega y para constituir una encrucijada de caminos que comunicaban con Francia, Portugal, Madrid y  los puertos del Cantábrico.

La mayoría de los puentes  han sufrido profundas reformas a lo largo de la historia, bien sea por riadas, por nulo mantenimiento o por destrucciones bélicas, especialmente las padecidas durante la Guerra de Independencia.

Pues con el pretexto de los puentes del Pisuerga vamos a dar un paseo por el entorno de Valladolid.

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Santa María de Palazuelos, monasterio cisterciense al que se accede desde Cabezón, aunque está en el término de Corcos del Valle. Comenzó a edificarse en el siglo XIII, aunque tuvo importantes reformas en el XVI

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El municipio de Cabezón de Pisuerga, antes de Cerrato, debe su nombre al “cabezo”, esa prominencia que domina el caserío. En sus estribaciones hubo viviendas trogloditas hasta los años 50 del s. XX, ahora muchas reconvertidas en bodegas. Del puente de Cabezón, de origen medieval, se escribió en el s. XVII que era de los más importantes de todo el reino y que por él pasaban los ganados y la mayor parte de los viajes comerciales de toda Castilla

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Fuentona y antiguo lavadero de Santovenia de Pisuerga, construida (o reformada) en 1808, está en la entrada del municipio, junto a las piscinas. Es una de las fuentes más monumentales de la provincia

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Soto de Medinilla, un amplio meandro entre Santovenia y Valladolid, que estuvo habitado durante varios siglos a partir de la Edad del Hierro. Se trata del yacimiento arqueológico más antiguo de la ciudad

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Panorámica aérea del puente Mayor de Valladolid

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Pórtico de la iglesia parroquial de San Juan, en Arroyo de la Encomienda: una joya del románico tanto por su factura como por conservarse casi intacta: empezó a construirse en el s. XII…  Y una imagen de la escultura que, cerca de la iglesia, recuerda una importante actividad  de este municipio: la granja de los Ibáñez

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Simancas, magnífico puente de 17 arcos sobre el Pisuerga, ya cerca de desembocar en el Duero

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Ahora Puente Duero es un barrio de Valladolid, pero fue municipio en su día. Su puente era imprescindible para las comunicaciones con Madrid

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La  cartuja de Aniago, en el término de Villanueva de Duero, se alza junto al lugar en el que el Adaja se une al Duero. Antes de su desamortización en 1835, el general francés Kelleman (algo así como el gobernador militar de Valladolid) mandó habilitar una escuela gratuita para los pobres

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Puente de Aniago, sobre el Adaja. Para acceder a él hay que ir hacia el área recreativa que junto a la urbanización de los Aljibes se alza en la carretera que conduce a Villanueva de Duero. Fue puente importante, al igual que el de Puente Duero, para las comunicaciones con Medina del Campo y la capital del reino

CASA DE JOSÉ ZORRILLA: AIRE DE ROMANTICISMO

El descuido de una criada permitió que el niño José entrara en aquella habitación que siempre estaba cerrada. Era el dormitorio de huéspedes de la casa que ocupaba la familia Zorrilla, y nadie entraba en él salvo ocasionalmente para ventilarlo. Pero  aquel día, José empujó la puerta entreabierta y vio que sentada en la silla de la habitación estaba su abuela paterna Nicolasa. Había fallecido antes de que naciera el que sería futuro poeta y dramaturgo, por lo que éste nunca llegó a conocerla. Pero ahí estaba su abuela con la que, recogido en su regazo, estuvo charlando. Desde entonces acá no son pocas las veces que el espectro de Nicolasa vaga por la casa del poeta.

Era esta una casa que la familia tenía en alquiler y en la que el dramaturgo vivió hasta cumplir 7 años,  y a la que volvió mucho tiempo después, laureado y afamado. Y si el resto de España fue justo con él reconociendo sus méritos, y para ello se le eligió miembro de la Academia Española en 1882 -cumplidos los 65 años-, no lo fue menos la ciudad que le vio nacer. Para ello, el Ayuntamiento de Valladolid acordó, también aquel año, nombrarle “Bibliotecario y Cronista honorario de la Corporación”, cargo que le reportaba una gratificación de 4.500 pesetas anuales que contribuyó  a aliviar su precaria economía.0

El ambiente de la casa refleja la época de Zorrilla. Muebles, decoración, lámparas, instrumentos de música, mesas y sillas recrean un lugar en el que se vivía y también se recibía. Pues quien se diera a conocer como poeta en Madrid ante el féretro de Larra, alcanzó la fama y reconocimientos suficientes como para tener numerosas amistades en todos los ambientes sociales

No son originales todos los muebles de la casa, aunque la mayoría han sido donados por la familia de Zorrilla, pero sí algunos le pertenecieron y fueron usados por él. Por ejemplo la mesa, sillón y librería del escritorio.  También la Diputación Provincial ha depositado algunos muebles en la casa.

El fallecimiento de Zorrilla, acaecido en 1893, a punto de cumplir 76 años, fue un  acontecimiento en la villa de Madrid, cuyos habitantes salieron a la calle para despedir el cuerpo del poeta.  Y tres años después, sus restos  fueron traídos al  cementerio de Valladolid para que reposaran en el panteón de Personas Ilustres.

De su fallecimiento hay dos testimonios en la casa: la mascarilla mortuoria que le moldeó Aurelio Rodríguez Vicente Carretero, el mismo que más tarde fundiría la estatua en bronce que preside la plaza de Zorrilla; y el sillón del escritorio, donde dice la tradición que murió, toda vez que los problemas respiratorios que le aquejaron durante los últimos días de su vida le impedían estar tumbado largo tiempo y que, por tanto, sentía algún alivio sentado en este sillón y recostado sobre el escritorio.

CASA DE JOSÉ ZORRILLA: c/ Fray Luis de Granada, 1. Valladolid.

VISITAS: martes a sábado: 10 a 14 y 17 a 20 h. Domingos y festivos: 10 a 14 h.

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 En el salón de la música, que acoge un piano y un arpa, artistas y políticos pasaban algunas tardes alrededor del autor de “Don Juan Tenorio”

 

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Corona laureada de bronce que preside el comedor. Le fue entregada por el Ayuntamiento de Barcelona entre las 892 coronas, algunas de oro, que le regalaron  corporaciones, liceos y ateneos de toda España cuando  fue coronado en Granada, en 1889 y con 72 años, Poeta Nacional en presencia de representantes de la Reina y de numerosos políticos, artistas y escritores

 

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Escritorio y sillón utilizados por Zorrilla

 

2 aPajarera típica de las casas burguesas de entonces

 

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Una costumbre de la época era decorar los abanicos, incluso que estuvieran dedicados, como si se tratara de los actuales autógrafos

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La habitación de los huéspedes, donde según la leyenda se apareció la abuela al poeta

 

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Apunte al natural tomado en el féretro de Zorrilla. Está junto a la máscara mortuoria que luego serviría para la estatua del poeta en la plaza de Zorrilla

 

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Calesa original usada por el escritor

 

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Jardines de la Casa de Zorrilla

LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES, Y VILLALAR

 “Las campanas de San Pablo / han cesado de tocar. / De pie, los procuradores / se yerguen para mirar / al rey postrado de hinojos / a la izquierda del altar. / El de Burgos, por las Cortes / la ha comenzado a exhortar: / Si nos hallamos reunidos / es por haceros jurar / los fueros y libertades / que tendréis que respetar”

Así comienza Los comuneros, ese bello poema que escribiera en su día Luís López Álvarez, del que  Vicente Aleixandre dijo que era “un poeta muy castellano, uno de los más castellanos que existan en nuestra lengua”.  Y  continúa Aleixandre: “ha conseguido algo que parece hoy casi imposible: el remozamiento de una épica”.

Luis López Ávarez en la Campa de Villalar. Fotografía publicada por El Norte de Castilla.

Publicado por primera vez en 1972, Los comuneros relata los acontecimientos y escenas principales de la Guerra de las Comunidades desatada cuando muchas ciudades españolas se levantaron contra las imposiciones de Carlos I.

Sostiene el historiador Enrique Berzal que “los especialistas más renombrados en la materia  convienen en aplicar al movimiento de las Comunidades de Castilla el calificativo de revolucionario por su potencial radicalmente transformador del orden social y político del momento”. Y que se trata de un episodio, mitificado es verdad, que cumplió una función decisiva “en el proceso de construcción de la identidad nacional española a partir de 1808”.

Fueron unos acontecimientos que estuvieron muy presentes en el debate político de  la España del Romanticismo y en el discurso de construcción de la identidad de la Nación Española.

La Guerra de las Comunidades trasciende la épica de la derrota comunera en Villalar y el marco actual de Castilla y León, pues se trató de una auténtica guerra de alcance nacional. En ella intervinieron multitud de personajes, intereses e intrigas, lo que implicó a numerosísimas poblaciones de toda la geografía española.

Y termina el poema de Luis López Álvarez: “Desde entonces, ya Castilla / no se ha vuelto a levantar, / en manos del rey bastardo, / o de regente falaz, / siempre añorando una junta, / o esperando a un capitán”

Pues bien, vamos a pasear  por los lugares  que fueron escenario de aquella guerra. En el relato no nos vamos a detener en los variados factores que influyeron en aquel movimiento revolucionario que, incluso, tuvo elementos de política internacional. Simplemente,   con el pretexto del 23 de abril, día del mes del año de 1521, vamos a recorrer municipios y paisajes vallisoletanos de aquella gesta comunera, siguiendo, muy resumidamente,  sus principales acontecimientos.

Corría el año del Señor de 1520…

… Y ocurrieron muchas cosas

El pueblo de Toledo se subleva ante la prohibición de Carlos I de que sus representantes se unan a otras villas para oponerse a las intenciones del monarca: su traslado a Alemania para ser proclamado Emperador, pagar  impuestos para costear la aventura real y ver cómo garantizar el gobierno de España en ausencia del rey.

Escultura Carlos V y el Furor, de Leone Leoni, siglo XVI. Museo del Prado.

En Valladolid los sublevados tratan de impedir que Carlos I se traslade a Santiago de Compostela para celebrar las cortes que sancionen sus pretensiones. Una vez abiertas las cortes, que luego se suspendieron, Córdoba, Jaén, Madrid, Murcia y Toro se oponen, y Toledo y Salamanca estuvieron ausentes.

En Segovia, Zamora, Guadalajara, Burgos y otras poblaciones explotan  contra el rey  y en Tordesillas es ajusticiado Rodrigo, por haber votado a favor del rey en La Coruña.

En Ávila se constituye la Santa Junta del Reino (una especie de Gobierno revolucionario) en la que participan delegados de Segovia, Salamanca, Toro y Zamora. Gentes de otras poblaciones asistieron pero sin ser representantes oficiales de sus municipios. Pedro Lasso de la Vega es elegido presidente de la Junta y Juan de Padilla nombrado jefe de las tropas comuneras.

Dibujo representando la Santa Junta, publicado por El Mundo de Castilla y León.

Aquella Junta, que no fue un arrebato rebelde sino el resultado de un proceso político organizado y meditado, aprobó la denominada Ley Perpetua de 1520 que ahora cumple quinientos años, redactada en Ávila por los procuradores castellano. Muchos historiadores la consideran el primer antecedente histórico del constitucionalismo español. 

Ni más ni menos abordó asuntos tales como las competencias de los diputados de los concejos, la independencia judicial,  preceptos que garanticen la libertad individual y los derechos de las personas, los derechos de nacionalidad,  un orden económico al servicio del reino y hasta estableció una Hacienda pública.

El día 21 de agosto, las tropas reales se presentan en Medina del Campo para tomar la artillería con la que atacar a la ciudad de Segovia. Los medineses, conocedores de antemano de la presencia del ejército del rey habían desmontado las piezas artilleras,  y apiladas en la calle las  rodearon con sus cuerpos las mujeres y hombres afines a la causa comunera.

Pensaron los realistas que los defensores saldrían huyendo si prendían fuego a Medina,  pero no se amedrentaron los comuneros y las tropas de Carlos I tuvieron que retirarse sobre todo cuando las llamas, que destruyeron buena parte de la villa, alcanzaron el convento de San Francisco, donde los comerciantes medinenses guardaban sus posesiones. Tres días después, Padilla entró en Medina al frente de sus tropas.

Al saberse la noticia del incendio de Medina, se sumaron a la causa comunera las poblaciones de Palencia, Cáceres, Badajoz, Sevilla, Jaén, Úbeda y Baeza.

Monumento a Juan Bravo en la plaza de Medina del Campo, Segovia. Fue instalado en 1922 y su autor es Aniceto Marinas.

En recuerdo de aquella epopeya llevada a cabo en los primeros tiempos de la Guerra de Comunidades, en Segovia hay una plaza que lleva el nombre de Medina del Campo, y en esta villa a otra plaza se la llamó Segovia.

Aquel mismo agosto, los jefes comuneros parlamentan en Tordesillas con doña Juana y  la Santa Junta se establece en esta villa, hasta que en diciembre cae en manos realistas.

Entonces la Santa Junta se traslada a Valladolid y se reúne en el convento  de San Pablo: nombra a Pedro Lasso de la Vega jefe de sus tropas, pero el l pueblo, descontento, exige que sea Padilla el que esté al frente de las mismas.

Llega el año de 1521…

… Valladolid se convierte en el epicentro de la confrontación entre Comuneros y Realistas.

Las tropas comuneras toman Mucientes.

Restos del castillo de Mucientes, llamado El Palacio. En él se alojo Juana, donde fue reconocida como reina de Castilla.

Padilla destruye la fortaleza de Cigales.

En febrero Padilla sale de Valladolid y  por Zaratán marcha con sus tropas hacia Torrelobatón.  Se debilita la rebelión comunera pues Granada, Cádiz y otras ciudades andaluzas juran fidelizad al rey.

Castillo de Torrelobatón, fortificación de traza correspondiente a la llamada escuela de Valladolid.

Padilla logra, después de tres días de combate, hacerse con la fortaleza de Torrelobatón. Se suceden numerosos episodios en poblaciones de La Mancha:  el obispo Acuña, con sus tropas comuneras,  se hace fuerte en Toledo, donde reside la María de Pacheco, esposa de Padilla, apodada “la leona de Castilla”.

El 15 de abril los nobles acampan en Peñaflor de Hornija y reciben importantes refuerzos.

Aquel fatídico día 23 de abril, día de San Jorge…

Al mando de Padilla, el ejército comunero sale de Torrelobatón hacia Toro. Fue interceptado por las tropas reales y en un terreno embarrado próximo a Villalar se inicia una corta pero intensa batalla. El paraje se conoce como Puente de Fierro sobre el arroyo de los Molinos.

Monumento conmemorativo de la Batalla de Villalar, en la carretera a Marzales, sobre el arroyo de los Molinos. El paraje está declarado desde 1996 Bien de Interés Cultural con la categoría de Sitio Histórico.

Al caer la tarde las tropas comuneras son derrotadas  y sus capitanes conducidos al castillo de Villalba de los Alcores.

Restos del castillo de Villalba de los Alcores.

Al día siguiente los jefes comuneros son condenados a muerte. Juan Bravo y Juan de Padilla fueron decapitados al amanecer. Horas más tarde también cayó la cabeza de Francisco Maldonado. Cuando Juan Bravo oyó decir el pregón previo a la decapitación,  se volvió al verdugo y le dijo que mentía él y quien le mandó dar el pregón, pues no eran traidores sino “celosos del bien público y defensores de la libertad del Reino”.

Cuadro La ejecución de los Comuneros de Castilla, de Antonio Gisbert (1860) conservado en el Palacio de las Cortes, Madrid.

El 25 de octubre las tropas comuneras se rinden en Toledo.

Sigue la historia…

El 1 de octubre de 1522 Carlos I promulga en Valladolid un “perdón general”  excepto para 293 comuneros.  Entre finales de septiembre y primeros de octubre de 1522 son decapitados en Tordesillas siete procuradores, Pedro Maldonado en Simancas y el dirigente comunero Villoria, en Salamanca.

Cuatro años más tarde…

En Simancas ocurrió el 24 de febrero de 1526:  el obispo Acuña, que permanecía prisionero,  intenta huir, pero no lo consigue, y apresado de nuevo, el 24 de marzo fue ajusticiado a garrote vil y colgado su cuerpo en las almenas del castillo.

El castillo de Simancas se construyó en el siglo XV, pero tuvo una importante reconstrucción dirigida por los arquitectos Juan de Herrera y Francisco de Mora en el s. XVI.

POSDATA: Tras la degollación, los gobernadores no permitieron que el cuerpo de Padilla fuera entregado a su viuda María de Pacheco, para evitar que sus restos fueran recibidos en Toledo como un mártir y alimentara la causa comunera aún viva en tierras manchegas.  No hay certeza de donde descansas sus restos, pues se sabe que se dio autorización para que fueran enterrados en el monasterio de los padres jerónimos de la Mejorada, sito en el término de Olmedo, pero no hay certeza de que esto se cumpliera y por tanto su cadáver permaneció en Villalar.

Monasterio Santa María de la Mejorada, declarado Bien de Interés Cultural. Imagen aérea tomada de la página oficial de Bodegas y Viñedos La Mejorada.

El caso es que una vez que definitivamente los comuneros rindieron Toledo, el cuerpo de Padilla ya no fue reclamado por nadie, y nada se sabe de su paradero.

Los restos del monasterio, en parte recuperados por el afamado arquitecto Moneo, y sus  tierras, ahora están convertidos en una explotación agrícola donde, entre otras cosas,  se produce un excelente vino. Se puede visitar, pero por si acaso mejor de día, pues cuenta  la leyenda que el  espíritu de Padilla  vaga por el monasterio, pesaroso y añorante de su esposa.

LA UNIVERSIDAD, UNA CIUDAD DENTRO DE VALLADOLID

A fuerza de lo cotidiano, quizá  apenas valoramos que en Valladolid tenemos una Universidad. Una institución que es una auténtica ciudad dentro de la ciudad. Por historia, por arquitectura, por arte, por patrimonio, por número de personas implicadas: en torno a 18.000 entre alumnado, profesorado y personal administrativo (aparte, los campus de Palencia, Segovia y Soria).

El siglo XIII es la centuria de las universidades en Europa (la de Bolonia, en el siglo XI, fue la primera universidad de Europa), aunque aún no tenían las características que ahora conocemos. Eran, más bien, lugares de Estudios Generales, en los que se trataba todo el conocimiento universal sabido hasta la época. No se expedían títulos que acreditaran una especialización ni nada parecido. Esta enseñanza, hasta que se formaron universidades propiamente dichas,  se daba en abadías, monasterios  y sedes episcopales. Era,  en definitiva, la Iglesia quien la impartía.

En el recurrente debate sobre la antigüedad de nuestra universidad, podemos dar por bueno que fue la tercera universidad que se creó en España, detrás de la de Palencia (que duró pocos años), y la de Salamanca. En cualquier caso,  la de Valladolid fue una universidad modelo y de ella se copió cuando Sancho IV impulsó la creación de la universidad de Alcalá de Henares. Aquello ocurrió en el año 1293. Por tanto en el siglo XIII ya existía en Valladolid lo que entonces podíamos llamar universidad.

Será en 1417, reinando Juan II, cuando se convierta propiamente en universidad. Es decir, paso de un lugar de Estudios Generales a Universidad confirmada por el papa Martín V al aceptar el establecimiento de una cátedra de Teología.

En el siglo XVI en Valladolid ya estaban claramente configuradas las especialidades de Cirugía y Medicina (nació como cátedra de Física), Matemáticas, Filosofía, Leyes, Cánones, Teología, Retórica, Griego y Hebreo. Incluso ya había dos colegios mayores: el de Santa Cruz y el de San Gregorio. La denominación de las cátedras y el número de ellas fue evolucionando con el discurrir del tiempo.

¿Cómo era, por ejemplo, en tiempo de los Reyes Católicos, el calendario universitario? Pues no muy distinto al actual: el curso duraba desde el 18 de septiembre hasta el 15 de agosto, con vacaciones en Navidad y Semana Santa… más un buen montón de días festivos, que según unas épocas u otras, rondaba los 55.

Las graduaciones (el doctorado diríamos hoy día), se celebraba con gran solemnidad: misa y procesión  por la ciudad, obsequio de vino a los asistentes, a veces también corrida de toros o vaquillas, paseo a caballo del nuevo doctor por toda la ciudad… y al final, el nuevo doctor invitaba a comer en su casa.

Con estos antecedentes propongo dar un paseo por los principales lugares relacionados con la Universidad. Nuestros pasos nos llevarán desde el edificio histórico de la plaza de la Universidad hasta el final del campus Miguel Delibes pasando por Santa Cruz, Centro Buendía, Facultad de Medicina y Campus Esgueva.

Vamos a disfrutar paseando de una especie de ciudad viva y con su propia personalidad en el vientre de Valladolid. No sin antes indicar que además de lo que aquí relatamos, la Universidad tiene el Museo de Ciencias Naturales en el interior del colegio público  García Quintana  sito en la plaza España. Las colecciones de museo se comenzaron a formar en el año 1860.

Propongo comenzar frente al edificio materno de la Universiad, en la plaza que lleva el mismo nombre. El primer edificio data de finales de finales del  s. XV. Tenía su fachada hacia la actual calle de la Librería. En el siglo XVIII (1716) se reconstruye con la fachada que ahora conocemos. Es el mayor exponente del barroco vallisoletano.  Sobre todo la parte que da a Librería es la que más reformas ha conocido: tuvo un observatorio astronómico (1915) y un reloj en la esquina con plaza de la Universidad. Hasta lo que ahora se puede ver, que incluye una profunda modificación en 1972 tras un incendio y otras reformas posteriores.  Este edificio acogía antes todas las especialidades universitarias hasta que el número de facultades y de alumnos fue creciendo y hubo que construir nuevas dependencias. (En las imágenes, la parte superior de la fachada en la que se representa a la Sabiduría pisando a la Ignorancia –en forma de niño-; y antiguo edificio -imagen tomada de la Fundación Joaquín Díaz-, procedente de una postal de la editorial Heliotipia Artística Española).

Fachada medieval de la calle Librería, según el grabado de Antolínez de Burgos.

Torre del observatorio astronómico, que daba a la plaza de Santa Cruz (detalle de una foto de Antonio Passaporte)

Escudos de la Universidad de Valladolid, expuestos en el Museo al que se accede por el edificio Rector Tejerina. Hay una sala de exposiciones  montada sobre unas arquerías góticas del finales del XV.

Palacio de Santa Cruz (1484) y reformas del XVIII.  Este era el antiguo colegio mayor, que ahora está detrás (1675), quedando el edificio histórico para dependencias administrativas del rectorado. En la imagen se ve la campana que regulaba las horas universitarias y uno de los vástagos supervivientes que delimitaban el área de dominio de la Universidad, en la que no podían entrar autoridades ajenas a la propia institución. Entre otras cosas, el palacio acoge una maravillosa colección de Arte Africano. E imagen antigua de la Biblioteca Histórica (foto tomada del Museo de la Universidad de Valladoid, que en realidad es una vista parcial de la foto original de Jean Laurent).

Centro Buendía. En el número 14 de la calle Juan Mambrilla (antigua calle de Francos) está ubicado en un palacio de finales del s. XV de la familia Acuña (condes de Buendía). Es, junto con el palacio de los Vivero (Archivo Histórico Provincial), el único vestigio de arquitectura civil del XV: es un buen ejemplo del tránsito de gótico al renacimiento.

.Presume la Facultad  de Medicina de  antigüedad, pues Enrique III  en 1404 creó su antecedente más inmediato,  que por entonces se conocía como cátedra de Física. Una fotografía del primer edificio de Medicina a finales del siglo XIX (foto de AMVA)

Biblioteca Reina Sofía: antigua cárcel de Chancillería y casa del Alcaide. El patio por donde antes paseaban los presos se ha convertido en una sala de estudio. El edificio se acondicionó en el año 1988.

Casa del Estudiante, reacondicionada sobre dos antiguos palacios del siglo XVI (Condes de Ribadabia y Marqueses de Camarasa). Uno de ellos fue anteriormente un centro de beneficiencia. En las reformas que se hicieron a partir de 1973 (cuando los adquirió la Universidad), se descubrió la maqbara (cementerio) musulmana.

Edificio de Ingenierías Industriales, (antiguo de Ciencias), en el Prado de la Magdalena. Edificado sobre terrenos municipales en 1968. Junto a él la actual residencia de estudiantes Alfonso VIII, que en realidad se concibió para albergar un hospital materno que nunca llegó a funcionar. Junto a la facultad está el edificio de la antigua Escuela de Enfermería, hoy dedicado a residencia estudiantil universitaria.

Facultad de Filosofía y Letras (inmediatamente detrás de Ciencias) y una imagen de la cúpula central. A un costado está la de Comercio, y al fondo, los talleres de mantenimiento de la Universidad (desde 1989): antiguas naves de fabricación de sacos construidas en 1928 por  el arquitecto Manuel Cuadrillero.

Y cruzamos la Esgueva: Escuela de Ingenierías Industriales, (junto a la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales –que comenzó a funcionar en 1985-). El otro edificio de Ingenierías  está en la Huerta del Rey, así como la Escuela de Arquitectura, que comenzó en el curso 1979-80. (Foto del Archivo Municipal de la colocación de la primera piedra de la Facultad de Económicas en 1982).

Y llegamos al Campus Miguel Delibes (rebasada la Facultad de Económicas), levantado entre el paseo del Cementerio y el paseo de Belén, se ha consolidado ya en el siglo XXI. Alberga diversas facultades y servicios universitarios, así como el afamado IOBA. Pasee hasta el final, donde está la planta de Biomasa que surte de calor a casi todas las dependencias universitarias. Detalle del interior del edificio de Investigación Científica… Por cierto, hay cafeterías en varias facultades por si necesitamos reponer fuerzas durante nuestro paseo.

En el paseo del Cementerio, además de una  residencia para estudiantes, se ha plantado un “arboreto”, que tiene su origen en el que ya hubo en la Universidad en el siglo XVIII hasta 1960 como unidad didáctica. En esta versión moderna se reproducen los paisajes característicos de Valladolid: Tierra de Campos, de Pinares y los páramos. Y al otro lado de las facultades, junto a las vías del ferrocarril, un espacioso y agradable jardín con su lago. Se trata de espacios que urbanizó y mantiene la propia Universidad.

NOTA: En Valladolid la mirada curiosa hay sendas entradas sobre el Museo de la Universidad y el de Arte Africano del Palacio de Santa Cruz. los comentarios detallados de las fotos históricas que he incluido me los ha proporcionado Antonio Torres Ochoa.

POR VIEJAS TIERRAS CASTELLANAS: TERRITORIO DEL HÚSAR TIBURCIO

Vamos a adentrarnos en un territorio de la provincia colindante con Palencia, allí donde el Canal de Castilla entra en Valladolid a la altura del término de Tamariz de Campos.

Un rincón de Valladolid cargado de historia, patrimonio y valores naturales. Poco hace sospechar que en el entramado de estos pequeños municipios se encuentran elementos incluso de trascendencia histórica nacional.

Los siete municipios en los que nos vamos a detener a lo largo de unos 50 km. advierten de que nos hallamos en Tierra de Campos, pues todos añaden a su nombre el apellido “Campos”.

Partiremos de Tamariz. Mas, antes de llegar nos acercaremos a la esclusa número siete del Ramal de Campos del Canal de Castilla. Ese ramal que termina en la impresionante dársena de Medina de Rioseco, a la que nos hemos asomado antes de iniciar nuestro recorrido.

Siguiendo la carretera VA 920 que parte de las afueras de Rioseco, llegamos a la a la altura del km 15. Justo en ese punto se inicia un camino de poco más de 1 km. perfectamente transitable que conduce a la esclusa número 7. Aparte de la curva (en forma de esquina en realidad) que traza el canal, y ver las fachadas (que es lo único que queda) de la fábrica de harinas, hemos de acercarnos al acueducto que traza el canal para salvar el Sequillo a medio camino hacia la esclusa número 6: siguiendo la orilla del canal –apenas 500 metros- en dirección a la raya con Palencia.  

Tamariz es lugar importante, como lo atestiguan determinados retazos de la historia de España y su patrimonio, en el que no faltó hospital ni rollo jurisdiccional.

Hace un par de años, durante el desescombro de un edificio municipal quedó al descubierto una ventana geminada posiblemente del siglo XIV. Un edificio –el palacio de los Lara- en cuyo interior se halla una portada gótica de sillería. Parece que en esta noble construcción se alojó la reina aragonesa Doña Leonor mediado el siglo XIV. Ambas imágenes están obtenidas de la publicación Lista Roja del Patrimonio que  edita la Asociación Hispania Nostra.

Restos de la iglesia de San Juan Evangelista. Se conservan la torre y la portada renacentista presidida por San Pedro.

Casa blasonada (no es la única) que da testimonio de un notable pasado.

Hay en Tamariz de Campos, como en otros muchos municipios de la provincia, una casa donde vivía un “familiar” del Santo Oficio.  Los familiares del Santo Oficio eran informantes seglares de la Inquisición, que advertían a la institución de cuantas cosas de interés para sus fines ocurrieran en su entorno. Eran envidiados y temidos al mismo tiempo, pues tenían privilegios económicos y estaban protegidos, además de disponer de permiso para portar armas. Se consideraba un honor pertenecer a esta especie de cuerpo de espionaje pues suponía un reconocimiento social, hasta el punto de que se solían poner en la portada de su casa el escudo de la Inquisición: la palma, la espada y la Cruz.

La casa está en la plaza del Corro de San Antón, un lugar para juegos de niños y presidida por una fuente coronada con la escultura conocida como el Purpurino. Esta estatua es una donación del municipio de Valladolid al de Tamariz en el año 1953 y que en la ciudad estaba adornando la Fuente Dorada. Al fondo de la fotografía de la plaza se ve la torre de la iglesia de San Pedro, con una portada románica del siglo XII.

Encaminamos nuestros pasos hacia Cuenca de Campos.

La Casa Consistorial de Cuenca es del siglo XVIII, y sus bajos, como buena parte del resto de la plaza, tienen soportales, una construcción típicamente castellana.

El Conjuradero, una moderna construcción donde antes había una ermita a la que acudía el pueblo los días de nublado para “conjurar” (espantar) las tormentas de verano que ponían en riesgo la cosecha de cereal. Ahora se ha acondicionado como observatorio de aves rapaces.

Panorámica sobre el municipio, en primer plano, a la derecha, se ve el Convento de San Bernardino de Siena, de las monjas clarisas. Siglo XV.

Ermita de San Bernardino, a las afueras del pueblo en dirección a Villalón de Campos.

El tramo del tren burra que discurre entre Cuenca y Villalón se ha convertido en una vía verde para solaz de caminantes y ciclistas. Se trata de la antigua vía del ferrocarril que desde Rioseco se prolongaba hacía  Palanquinos   (León) por un ramal, y hacia Palencia pasando por Villalón y Villada, por otro. Estos trazados ferroviarios los explotaba la Compañía de Ferrocarriles Secundarios de Castilla, que comenzó a funcionar como Ferrocarril Económico a Medina de Rioseco (desde Valladolid) en 1890. La Compañía dejó de prestar servicio en 1969.

Restos de un molino de viento a las afueras de Cuenca e imagen de unos de los tantos palomares que hay en su término municipal.

No nos detenemos en Villalón de Campos y seguimos camino hacia Herrín. El término municipal está integrado en la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) La Nava- Campos Norte.

Herrín, como todos los municipios que estamos recorriendo, tiene una estructura urbana claramente medieval: en forma circular o de almendra, con alguna calle principal que lo cruza, y el resto un intrincado laberinto de cortas y estrechas calles. Una forma que nos hace suponer la existencia de una muralla o cerca que lo defendiera.

Bodegas de Herrín, lo que nos habla de la producción de uva en el pasado, aunque ahora prácticamente no haya viñas en el término municipal. Están excavadas en la ladera de un alcor que se conoce como el castillo, acaso eco de una tradición que cuenta sobre la existencia de una fortificación (cosa que carece de documentación acreditativa).

Iglesia de El Salvador, de ladrillo y tapial. Su retablo principal es del escultor Tomás de la Sierra (siglo XVIII), tallista importante, lo que nos da idea de que este pueblo ahora pequeño no carecía de importancia en el pasado. Por cierto, en Herrín tiene su ascendencia paterna el poeta León Felipe.

Para ir desde Herrín a Villafrades de Campos, o retrocedemos hasta Villalón o atajamos por un camino rural en buen estado.

El nombre original de Villafrades es Ecclesias Albas: iglesias asentadas en este lugar que destacaban por su blancura. Ya en el siglo X se sabe de la existencia de los primeros pobladores del municipio.Viene lo de Villafrades  (o villa de hermanos-Villafratum-), de los asentamientos monacales que se fueron haciendo por esta zona en tiempos de Alfonso III. El nombre del pueblo suele confundirse con el de Villardefrades (también de Tierra de Campos) pero en las inmediaciones de Urueña. Esa confusión ha llevado a que se sitúen en Villafrades de Campos hechos que en realidad ocurrieron en Villardefrades, tal como advierte el escritor Rafael Gómez Pastor (autor junto con Amparo París Medina, de Villafrades de Campos algo más que Ecclesias Albas).

La iglesia de San Juan Evangelista, al fondo, detrás del homenaje a la danza, formado por dos palos (es famoso el municipio por la danza de Paloteo), tiene obras del importante escultor Alejo de Vahía.

Talla en madera de San Blas, en una de los muros exteriores de la iglesia.

Caño y edificio de la Casa Consistorial al fondo.

Presume el municipio de varios e interesantes personajes nacidos en Villafrades, a los cuales se les ha dedicado un recuerdo en sus plazas. Uno es Tiburcio Álvarez, húsar que destacó en la defensa de Astorga durante la Guerra de Independencia, en cuya localidad tiene dedicada una calle y grabado su nombre en uno de los monumentos más destacados de Astorga. Otro es Teodoro Gordaliza, obispo, teólogo y escritor que vivió entre los siglos XIX y XX. Y, tal como se aprecia en la fotografía, Máximo Rodríguez, apodado “Velay”: poeta y autor de una historia titulada “Villafrades de Campos. Este es mi pueblo”

Ponemos rumbo a Gatón de Campos, y a nuestra derecha veremos restos de la línea ferroviaria que unía Villalón con Villada.

Es Gatón uno de los municipios con menor población de Valladolid, pero fue un enclave destacado en la historia de España. Villa real hasta que Fernando IV (siglo XIII-XIV) se la cedió (además de otras poblaciones) a Alfonso de la Cerda para que este renunciara a sus aspiraciones a la corona de Castilla. No en vano de la Cerda era descendiente directo del rey Alfonso X el Sabio. Cuentan algunos historiadores que aquellas villas que le cedió estaban dispersas por media Castilla para evitar que la proximidad de unas con otras pudiera crear una fuerza territorial que volviera a amenazar la corona de Fernando IV. Pero esa es una larga historia.

Torre de la iglesia de la Virgen de las Nieves. Según una leyenda, en pleno verano cayó una nevada que sofocó un incendio que asolaba la torre. En la derecha de la imagen un pilar con un reloj de sol, acaso el más chico de la provincia de Valladolid.

Tiene Gatón un puñado de casas notables, entre una de las cuales, como en Tamariz de Campos, no falta la que alojaba al informante de la Inquisición, tal como se aprecia en el escudo.

El municipio que pone fin a nuestro paseo por este rincón terracampino de pueblos que han visto como su población ha encogido tremendamente,  es Villabaruz de Campos.

El origen de su nombre se pierde en leyendas. Cuenta una que el arco que aparece en la fotografía formaba parte del Palacio del rey moro Baruz. Otra versión es, precisamente, la contraria: Baru fue un noble castellano que hizo frente a los ataques musulmanes encabezados por el Moro Muza, allá por el siglo VIII. Más no acaban aquí las especulaciones, pues hay quien alude a Baru como nombre de origen visigodo. En cualquier caso, lo que sí parece probado es que la repoblación de estas fértiles tierras se remonta al siglo onceno.

Imágenes de un portal con restos de noble construcción, y una panorámica de la villa con la iglesia de Nuestra Señora de la Calle al fondo.

Mapa de carreteras que hemos recorrido. Partimos de Medina de Rioseco, que está por debajo de Tamaríz de Campos.

NOTA: En este mismo blog hay sendos y detallados artículos sobre Medina de Rioseco y Villalón de Campos.

ARQUITECTURA FRANQUISTA

Toda época deja su impronta en la arquitectura, especialmente en los edificios públicos, sean religiosos, palaciegos o militares. Y esto se refleja de una forma clara en los clásicos estilos como son el  románico, gótico, renacimiento, etc.

Mas, en la época contemporánea  son muchos los estilos y escuelas que han dejado su huella en la arquitectura: eclecticismo, racionalismo, Art Nouveau, modernismo, deconstructivismo…  Una evolución de la arquitectura que también se ve reflejada en que no solo construyen edificios los arquitectos y maestros de obras, sino que los ingenieros también levantan edificios, lo que se traduce en una visión un tanto diferente de los clásicos diseños. Por ejemplo, el Matadero Municipal de Valladolid y el edificio de la Electra Popular Vallisoletana lo firmaron los ingenieros Alberto Colomina y Botí el primero, e Isidro Rodríguez Zarracina el segundo. Igualmente la Academia de Caballería fue diseñada por el ingeniero militar Adolfo Pierrad.

Pero es que a esas  corrientes arquitectónicas hay que añadir la ideología. Sobre todo en países y épocas de regímenes totalitarios: nazismo, estalinismo… franquismo.

Estos regímenes han intentado impregnar hasta la médula su forma de entender el mundo, que incluye, claro está, la arquitectura. Lo que significa que a poco que nos fijemos en las calles de las ciudades se verá algún claro exponente de esta arquitectura digamos “política”.

Y Valladolid no es una excepción, acaso al contrario, es una ciudad que tiene un buen puñado de edificios y construcciones que reflejan la arquitectura franquista. Debe advertirse que a lo largo de las cuatro décadas del franquismo se van extinguiendo las señas identitarias de aquella “nueva arquitectura para una nueva política”, tal como preconizaban algunos de sus ideólogos intelectuales.

Propongo darnos un paseo para visitar algunas de estas construcciones representativas de aquel franquismo de primera época. Hay que decir que también la construcción privada se deja influir por esta tendencia, pero tiene unos matices que nos llevan a otro terreno, pues aunque los arquitectos se veían un tanto obligados a reflejar el nuevo Régimen, buscaron excusas, como puede ser el historicismo, para evitar la influencia de la arquitectura franquista… Pero esa es otra historia.

La vivienda residencial de iniciativa pública también reflejó rasgos propios, pero además de intentar resolver un serio problema de escasez de vivienda, sirvió para “colonizar” ideológicamente la ciudad con un rosario de hitos históricos que, añadido a los nombres de las calles, llenó Valladolid de referencias del nuevo Régimen.

Vamos a empezar por poner un claro ejemplo que nos permitirán comparar lo que vamos a ver de Valladolid con, digamos, el patrón arquitectónico más característico de aquella época.

En los primeros años de la Dictadura, la arquitectura estuvo determinada por el afán patriótico que arrastraba a los diseñadores hacia modelos del estilo herreriano, con el Escorial a la cabeza como prototipo de nueva construcción. Estos edificios, de enorme tamaño, no tendrían otro objetivo que el de exaltar la figura de Franco, convertido en héroe tras su victoria en la Guerra Civil, denominada de igual forma por sus adeptos como La Guerra Santa o la última de las Cruzadas. Y el Cuartel General del Ejército del Aire de Madrid, construido entre 1943 y 1951, es un claro exponente.

Vamos a comenzar nuestro paseo por Valladolid en el monumento funerario a Onésimo Redondo en el cementerio del Carmen, pues es un excelente ejemplo de aquella política franquista que tuvo claro que con el nuevo Régimen había que hacer una nueva arquitectura.  La memoria descriptiva de ese panteón (1941) dice textualmente: “… toda la composición obedece al estilo neoclásico, estilo severo, y a la par monumental, que procede de los gustos y sensibilidades de aquellos españoles que supieron formar un Imperio (…) Onésimo Redondo, caudillo de Castilla, hombre preclaro, profeta, puro,  severo y armonioso, viviendo entre luces Imperiales, estimamos debe ser acogido y servido por formas arquitectónicas que hablen por sí propias de su sencillez y grandeza”.

Sin duda el gran inspirador de esta nueva arquitectura es el estilo herreriano: monumental, sobrio, austero, de edificios proporcionados, de líneas rectas y escasa ornamentación. El Seminario Diocesano (antes era conocido como Seminario Mayor) puede ser un buen ejemplo de aquel estilo también llamado escurialense. Se inauguró en 1965. Apenas unos años antes (1957) se había construido en la Rondilla de Santa Teresa el Seminario Menor, que ofrece, aunque a menor escala, aquella misma “arquitectura imperial”.

Actual Hospital Clínico Universitario fue inaugurado en 1953 como Residencia Sanitaria Onésimo Redondo: gigantismo y clasicismo como símbolos de la arquitectura del Nuevo Régimen. Calle Cardenal Torquemada s/n

Antiguo Instituto Nacional de Previsión (1950),  decorado con típicos pináculos también muy del estilo herreriano.

El que fuera ambulatorio 18 de julio (¿1950?) ahora cedido al sindicato UGT. En el detalle del frontispicio se grabó de forma alegórica aquella fecha: el número 18 (de julio) escoltando una cruz que apela a la Cruzada Nacional. Calle Gamazo.

Edificio de la Audiencia, o Palacio de Justicia, que se inaugura en diciembre de 1960. Son habituales las características bolas de origen italiano que introdujo Juan de Herrera en España. Calle Angustias.

Si esto es lo que se refiere a edificios oficiales,  otro tanto cabe decir de las viviendas de promoción pública que se construyeron en los años del franquismo promovidas por la Delegación Nacional de Sindicatos y el Instituto Nacional de la Vivienda. Son unas cuantas las promociones de aquella época. Al igual que se ha hecho con los edificios de servicios, los nombres que recibieron todas estas promociones no era sino una forma de remachar la omnipresencia del Régimen en la vida cotidiana. Así, tenemos un rosario de nombres asociados a alguna efeméride o personaje franquista: Cuatro de Marzo (fecha de fusión de la Falange Española y las Jons),  Jesús Aramburu (jerarca del Falangismo), grupo Rosario Pereda (destacada falangista),  29 de octubre (fundación de la Falange), 18 de julio (fecha del llamado Alzamiento Nacional), Leones de Castilla (recuerdo de las tropas franquistas que lucharon en Guadarrama), barrio Girón (José Antonio Girón de Velasco, destacado político franquista), José Solís (ministro de Trabajo), XXV años de Paz (conmemoración del Levantamiento Nacional), 1º de octubre (cuando Franco fue investido como Jefe del Estado),  polígono Francisco Franco (en el Paseo del Arco de Ladrillo)…

Grupo Leones de Castilla (con el zócalo de los edificios en blanco –una tipología que se repite en varias promociones-), y a la izquierda de la imagen el grupo de XXV años de Paz.

Alguna de estas promociones tuvieron un claro estilo ruralista tendente a la autosuficiencia, pues se construyeron incluyendo iglesia, locales sociales, locales para tiendas y bares: barrio Girón, inaugurado en 1955.

LOS TEMPLOS CONTEMPORÁNEOS

Si nos proponen visitar iglesias de Valladolid, seguro que sin dudarlo encaminaremos nuestros pasos hacia Santa María de la Antigua, la Colegiata Catedral, la del Salvador o la de San Martín, por ejemplo.  Concluido el paseo por ese puñado de excelentes construcciones religiosas que tenemos en Valladolid, nos daremos por satisfechos, saciados  de arte, historia y patrimonio. El románico, el gótico, el neoclasicismo y algo de barroco nos ofrecerán un impresionante abanico de estilos y arquitecturas.

En general todos estos templos ofrecen excelentes y grandes retablos, capillas cargadas de imágenes, lápidas que recuerdan a los patronos de la iglesia y más de un sepulcro de importantes personajes de la historia de Valladolid como María de Molina o Pedro de la Gasca.

Escultores e imagineros de la talla de Gregorio Fernández y Juan de Juni habrán aportado un enorme caudal de arte a nuestro paseo por las iglesias y parroquias vallisoletanas.

Pero seguro que habremos pasado de largo por ese largo censo de iglesias que se han ido levantando sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, cuando Valladolid comenzó a crecer al rebufo de la industrialización,  pues tal vez consideramos que son de escaso interés. Es más, de hecho no suele hacerse referencia a ellas cuando se habla de arte y arquitectura religiosa.

Y es un error, pues ofrecen interesantísimos testimonios de arquitectura contemporánea y de religiosidad posconciliar.

Para este paseo que os voy a proponer por algunas iglesias contemporáneas vallisoletanas he acudido a diversos autores que han aportado interesante literatura sobre el particular. Y especialmente he consultado la obra de Paloma Gil Giménez y su libro El templo del siglo XX; y de Esteban Fernández-Cobián con sus  Escritos sobre arquitectura religiosa contemporánea.

Desde luego, cuántas veces hemos admirado los potentes contrafuertes que sustentan muros y techo de las iglesias y las catedrales. También sus pequeñas ventanas cuando su construcción se remonta al románico, o por el contrario sus admirables vidrieras cuando la arquitectura del gótico permitió abrir grandes ventanales para iluminar el interior de los templos. También esos colosales pilares en los que se apoyan los nervios que sujetan las bóvedas.

Sin embargo, como en la arquitectura civil, los modernos materiales de construcción y las nuevas técnicas arquitectónicas, han permitido la desaparición de basas, pilares, contrafuertes o los admirables nervios para sustentar las bóvedas.

Al igual que la arquitectura civil contemporánea, la religiosa, especialmente a partir del Concilio Vaticano II,  ha ido buscando nuevas formas de representación  e iconografía. Una  nueva liturgia se abre paso en la que influye hasta el mismo hecho de que ya no se oficie de espaldas a los fieles, sino de cara a la feligresía. Incluso que ya dejaran de construirse coros y púlpitos.  Los arquitectos también han aplicado a las construcciones religiosas el funcionalismo contemporáneo, la limpieza de las forma,  la economía formal.

Los retablos, como expresión de la teatralidad religiosa, en general desaparecen, y las cabeceras de las iglesias se desnudan de cualquier otra representación que no sea la mera figura de la cruz o el crucificado, en el mejor de los casos acompañado de su madre la Virgen María. Ya no se construyen ni ensanchan los templos con capillas laterales. Las esculturas representando la nómina del santoral, y los grandes cuadros o lienzos que otrora eran signo de riqueza y devoción quedan sustituidos por paredes desnudas: el ladrillo, la loseta, la madera  o cualquier otro material constructivo moderno evita la distracción del creyente, y toda la actividad religiosa se centra en el altar. Como escribe Paloma Gil, esto supone “la desaparición de elementos que dificultan el protagonismo del tabernáculo”. O, también nos dice Gil: “El objetivo del templo no es solamente congregar a los fieles, no es ser un monumento o un edificio para grandes recepciones. En él se debe crear un flujo de sensaciones, sentimientos e ideas que lleven a la comunicación con lo divino”. En definitiva, “ha de hacer visible lo invisible”

Pero, sobre todo, la luz diáfana y  abundante inunda el interior de los templos. En otros casos toda la luz se concentra en el altar, dejando en penumbra el recinto de la feligresía. Algunos arquitectos expresan la modernidad de los templos en cuanto a su decoración, iluminación, formas geométricas, etc. el que los fieles sean parte activa del culto y no meros espectadores, como venía ocurriendo en las prácticas religiosas tradicionales.

Todo ello, por fuerza, exige un diseño arquitectónico que consiga estos objetivos, en los que la desnudez prima para que todo converja hacia el altar. Bien es verdad que no existe una uniformidad entre las formas arquitectónicas, pero todos los arquitectos más afamados han aceptado encargos de construir templos: Alvar Aalto, Ronchamp, Álvaro Siza, el afamado Le Corbusier…

Aunque todo esto que aquí relato no deja de ser una tendencia en absoluto dogmática que tiene muchas interpretaciones. Porque, en realidad, todo lo que se pueda contar sobre la arquitectura religiosa contemporánea no es más que parte de un debate sobre cómo deben construirse los templos. Por ejemplo, Fernández-Cobián ya nos advierte de que por ejemplo en EEUU se han reactivado cátedras de arquitectura religiosa que enseñan a construir iglesias “tradicionales”, es decir, románicas o barrocas. Una actitud, que en realidad nunca desapareció, aunque ha estado relativamente silenciada, que propone que los credos también se expresen por su construcción evitando uniformidades que diluyan las diferencias entre una mezquita, una sinagoga, un templo evangélico o una iglesia católica, y que estas han de proyectarse con su propia identidad.

En cualquier caso, una iglesia, por contemporánea que sea, no debe renunciar a una torre o una espadaña, más o menos altas, eso es un tanto lo de menos. Dice Fernández-Cobián que ha de ser un lugar abierto y acogedor, de formas serenas, debe invitar  a entrar, debe ser un edificio serio, pues aunque la religión debe ser una cosa alegre, el edificio no puede ser una construcción trivial o risible.

Y hecho este largo exordio, vamos a recorrer unos cuantos templos de moderna y contemporánea construcción. Lógicamente la mayoría de ellos están en los nuevos barrios que han surgido en el siglo XX y XXI, pero también algunas iglesias o parroquias históricas han realizado reformas o rehabilitaciones que han dejado atrás su clásica construcción, como por ejemplo la iglesia de Nuestra Señora de San Lorenzo, la Victoria,  Canterac o San Ildefonso. Algunas de las más modernas iglesias llevan la firma de importantes arquitectos, como Ispizúa o Fisac, también de artistas como Antonio Vaquero o Coello (parroquia de La Milagrosa, en las Delicias).

En la calle Fuente el Sol está la parroquia de Nuestra Señora de la Victoria. Se trata de una construcción reinstalada en 1967 –tras desmontarse en 1964- de la que básicamente lo único que se conserva es la fachada. Desde 1544 estaba en el barrio ocupando la parcela, más o menos, donde hoy están las dependencias de la Policía Municipal (carretera de Burgos).

San Ildefonso es una parroquia sita en la calle que lleva ese nombre. Su construcción original es del siglo XVII cuya traza era de Juan de Naveda y la ejecución de obra la hizo Francisco de Praves. La nueva iglesia que ahora vemos se inauguró en 1968.

Entre estas iglesias históricas “reinventadas”, entre las que hay que incluir la de San Lorenzo y Canterac,  y la segunda mitad del siglo XX, hay varias parroquias y templos interesantes que comentamos a continuación.

 La capilla del convento de las Salesas,  en la calle Juan Mambrilla haciendo esquina con Colón, de ladrillo, fue inaugurada en 1907. Los planos los realizó el afamado arquitecto Teodosio Torres.

Nuestra Señora del Pilar –popularmente conocida como la Pilarica-, en la plaza Rafael Cano. Este señor y su esposa costearon la construcción del templo, donde el matrimonio está enterrado.  Acaso es la única obra importante del arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla. Se trata de otra construcción neogótica de 1907, declarada Bien de Interés Cultural en 1994.

Y  San Juan Bautista, en el barrio de San Juan, que es una moderna iglesia de 1932 que sigue la estela de la que en el siglo XIV levantó la Orden templaria.   

La iglesia de San Pío X, en el barrio Girón, construida en la década de 1950 apunta modernas tendencias que se salen de lo tradicional que hasta esas fechas aún se venía construyendo. Según algunos expertos, los arquitectos González Martín e Ignacio Bosch se inspiraron en arquitectos alemanes u austríacos que apostaban por la modernidad. El interior del templo es enormemente austero.

También de los años 50 es la parroquia de la  Inmaculada Concepción, sita en el paseo Zorrilla, 27. Al igual que la de Girón, el arquitecto fue Julio González Martín.

La misma autoría ofrece la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en la plaza del Doctor Quemada, cuyo altar está presidido por un Cristo esculpido por Antonio Vaquero. Cuentas las crónicas que el edificio en ladrillo contó con cierto rechazo por parte del público. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que aquella arquitectura se revalorice, de tal manera que la Inmaculada Concepción y Santo Domingo de Guzmán hayan pasado a ser considerados edificios significativos de la arquitectura moderna, tal como los ha declarado la prestigiosa entidad internacional DO.CO,MO.MO (acrónimo inglés de Documentación y Conservación de la Arquitectura y el Urbanismo de Movimiento Moderno).

La iglesia de la Paz abrió sus puertas en 1963. Lleva la firma del reputado arquitecto Pedro Ispizúa Susunaga, con destacada obra en el País Vasco. El enorme arco parabólico de su fachada puede estar inspirado en la arquitectura de Gaudí, del que Ispizúa fue alumno.  El proyecto inicial incluía una altísima torre campanario en el lado izquierdo según se mira la fachada, lo que habría dado al edificio la monumentalidad que merecía, sin que por eso carezca de singularidad.

La Compañía de Jesús tiene su iglesia en la calle Ruíz Hernández, integrada en un edificio residencial de la misma congregación. La iglesia actual se inauguró en 1972 y sustituyó a otra de estilo neogótico terminada de construir en 1896. Sorprende el amplísimo espacio que ocupa inimaginable viendo la fachada del edificio presidida por una gran cruz. La imagen histórica está tomada del blog artevalladolid.blogspot.

San Ramón Nonato, erigida en la calle Calixto Valverde, del barrio de Huerta del Rey, es un construcción de 1981, toda ella en ladrillo. Carece de retablos y capillas y su alter está presidido por un gran crucifijo del siglo XIV. Tiene una Virgen del XV y una imagen del patrón del XVII. Destaca por una bella iluminación cenital sobre el altar.

La parroquia de Santa Rosa de Lima, en el barrio de Arturo Eyries se inauguró en 1988. Aunque, como otras muchas parroquias, se financió a expensas del Arzobispado, los muebles, campanas, bancos, imágenes, etc. se pagaron con las aportaciones de la feligresía.

Parroquia de Nuestra Señora de Prado en la calle Adolfo Miaja de la Muela, se inauguró en abril de 1999. De los padres carmelitas, es una de las más grandes de Valladolid pues tiene capacidad para unas setecientas personas sentadas. Su fachada está construida con pizarra y piedra artificial con estructura de madera y tejado de cobre. Su interior muestra un retablo de la escuela de Berruguete y un altar iluminados por un lucernario que arroja luz sobre ello mientras el resto del templo carece de luz y adornos que distraigan a los feligreses.

El edificio de la parroquia carmelita Virgen del Henar (calle Trilla) se construyó en el año 2000 con todos los atributos arquitectónicos propios de los recintos religiosos contemporáneos. Destaca su fachada de piedra blanca y la cubierta de madera. El templo, de muy agradable aspecto, está firmado por el arquitecto Elesio Gatón. Recientemente fallecido, ha trabajado especialmente (aunque no solo)  en edificios religiosos, tanto en obra nueva, como en rehabilitación, como es el caso de la recientísima limpieza y restauración  del interior de la iglesia  de la Antigua. No son fáciles este tipo de intervenciones arquitectónicas pues se trata de actuar en edificios singulares.

La parroquia del Beato Florentino Asensio se terminó de construir en 2006, en el barrio Parque Alameda –calle Vega-. Su arquitecto fue, también Elesio Gatón. Para su construcción se emplearon todo tipo de materiales: madera, cemento blanco, ladrillo, cristal, mármol blanco y un cemento que imita la piedra de granito.

Aunque no sea un templo parroquial, lo cierto es que la capilla de los dominicos de las Arcas Reales es una de las más bellas de Valladolid. Su arquitecto fue el afamado Miguel Fisac, Premio Nacional de Arquitectura 2002. La iglesia y el conjunto docente donde se ubica se construyeron en la década de 1950. Se considera por los expertos como una obra clave en España, pues el arquitecto marcó unos nuevos parámetros de la arquitectura religiosa, y se convirtió en un referente de la nueva orientación emanada del Concilio Vaticano II en lo que tenía que rodear la liturgia. En 1954 recibió la Medalla de Oro en el Concurso de Arte Sacro de Viena, y en 2011 la iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

NOTA: como se ha podido apreciar, algunas de las imágenes están tomadas del blog ArquitecturaVA

MEDINA DE RIOSECO, ESPLÉNDIDA CIUDAD

Medina de Rioseco es un impresionante municipio por historia y monumentalidad. Sus cuatro iglesias principales tienen un imponente porte catedralicio. Y el patrimonio civil que ofrece no será fácil verlo en otros lugares.

Rioseco vivió de la riqueza y pujanza económica,  como en general toda Tierra de Campos, cuando el trigo de esta comarca era una auténtica mina de oro. A Medina de Rioseco se le llegó a conocer como la “India chica” -o “la ciudad de los mil millonarios”-, equiparándola de esa manera a las ricas tierras de ultramar. Triste es ver, hoy, como buena parte de esta comarca está sometida a un declive y despoblamiento tremendos.

Hay muchas opciones de recorridos por Rioseco, entre los que el entorno de la dársena del Canal de Castilla no es la menor… o los jardines y plazas: …. o sus fuentes;  y  anotadas quedan sus iglesias, sin olvidar el Museo de San Francisco, el de Semana Santa -ubicado en la iglesia de la Santa Cruz- o la Harinera San Antonio; y, en general, el callejero de la ciudad, con un agradable sabor a antiguo y señorial (en razón de sus casonas).

Hablar de Rioseco es hablar de palabras mayores tanto en patrimonio (como ya se ha dicho) como en historia. De hecho, su casco histórico está declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1965. Y para ello solo un par de detalles, que relatamos a continuación.

En Rioseco se refugiaron, recién casados,  Isabel y Fernando. El casamiento no contaba con el beneplácito de Enrique IV  hermanastro de Isabel.  Es el caso que para protegerse de las iras del rey, los jóvenes esposos contaron con el respaldo del poderoso Fadrique  Enríquez, Almirante de Castilla (que a la sazón era señor de Rioseco,  abuelo de Fernando y tío lejano de Isabel), por tanto  personaje por cuyas venas corría sangre real, y en caso de conflicto podría ser enemigo temible del propio rey.

Pero es que en Rioseco, lustros más tarde (1520), también se refugió el cardenal Adriano, regente del reino en ausencia del Emperador Carlos V, huyendo de las tropas comuneras.

Entre las muchas opciones que hay de disfrutar de Rioseco, propongo buscar las tres puertas que aún se mantienen de las siete que llegó a tener en su momento. Esto nos va a permitir pasear por las calles del municipio y contemplar diversos edificios  y ambientes.

Comenzaremos en el puente sobre el Sequillo, que da entrada a Rioseco si llegamos desde Valladolid.

 Nada más cruzar el puente hay un edificio de ladrillo que da la bienvenida y es la sede de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Pues bien, este modesto edificio era en otro tiempo como otra puerta (virtual) pues en él estaba alojado el “portazgo”, es decir, el lugar donde se recaudaban los impuestos por los productos que se introducían en la localidad para venderlos en tiendas y mercados. Estos portazgos también se conocían como fielatos… vaya, lo que hoy llamaríamos peaje.

 Camino de la plaza Mayor, ya adentrados en la ciudad, veremos a un lado el Parque Duque de Osuna: situado a los pies del desaparecido  castillo,  se urbanizó por el Ayuntamiento en  1858 y ha sido el lugar tradicional de paseo de los riosecanos. Cuentan que antaño la gente pudiente frecuentaba uno de los paseos, y el pueblo llano,  la servidumbre y los artesanos, el otro. Acaso el paseo central lo usaban las parejas de enamorados, por eso también se le conoce como “el paseo”. Las columnas y pilastras son restos del antiguo palacio de los Almirantes, que con frecuencia se cita también como el castillo. Pero en realidad se trata de dos construcciones diferentes: el parque del duque de Osuna eran los jardines del palacio, destruido por los franceses; mientras que el castillo propiamente dicho se erigía en lo alto del cerro. Del castillo no queda resto alguna sobre todo porque su piedra se usó para otras edificaciones.

La fuente de La Flora, en el parque, que no es la original, pues aquella está en la Casa Consistorial.

Junto al parque, según se entra en la ciudad,  casi en las puertas del  Museo de  San Francisco, se levanta una escultura que rinde memoria de la famosa batalla de Moclín (un teso próximo a Rioseco), la primera batalla en toda regla que disputaron las tropas francesas invasoras y el endeble ejército español al principio de la Guerra de Independencia, en julio de 1808. Perdieron los batallones españoles y los franceses entraron a saco en Rioseco. El autor es Aurelio Carretero, escultor nacido en la localidad y cuyas obras más conocidas son el monumento al Conde Ansúrez y la escultura de Zorrilla, ambas erigidas en Valladolid.

Y el antiguo Convento de San Francisco (s. XVI- XVIII), que hoy alberga un interesantísimo museo que, si tenemos tiempo, no hay que perderse por  la historia, cultura y escultura que ofrece.

Precisamente frente al Convento, bordeando el parque, sale la calle del Almirante que, cuesta arriba,  lleva hasta la puerta de Zamora. Construida en el XVI, también se conoce como Arco de las Nieves, por haber en ella una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves (¿será porque en sus inmediaciones había uno de  los pozos de nieve que tuvo Rioseco?). El alzado es muy original pues tiene que dar acceso a varias calles. Podemos subir hasta los jardines del Castillo y ver una panorámica de la ciudad.

Al final de la calle del Castillo se encuentra el Corro del Asado, donde se alza el Torno, un edificio del XVI levantado junto al desaparecido castillo, que ha servido a los habitantes de Rioseco para diversos menesteres. Fue, originalmente, pósito  -almacén de trigo-; luego sirvió para dar dio cobijo a pobres; durante la II República aquí ensayaban las murgas de carnaval; y tras la Guerra Civil,  un torno recogía a los bebes de las mujeres solteras.

Ocupan estos jardines el suelo de una fortaleza de la que, como ya hemos dicho,  ya nada queda. Se trata de un lugar un tanto desarmado pero que se compensa con la quietud que respira y el paisaje que despliega a sus pies. Allí abajo se verá la vieja máquina del ferrocarril que unía esta localidad con Valladolid -el famoso tren burra-, y una gran escultura de Jesús Capa, artista plástico nacido en Rioseco. Pero necesariamente hemos de volver por el mismo sitio a buscar la plaza Mayor.

Plaza Mayor y casa Consistorial, reconstruida en el último tercio del s. XX, sus soportales pertenecieron al claustro del convento de San Francisco. Medina de Rioseco  es una de las tres poblaciones de la provincia que ostenta el  título de ciudad: Valladolid y Nava del Rey son las otras dos.

Una calle lateral del Ayuntamiento (Ronda de Santa Ana), con traza amurallada, lleva directamente hasta nuestra segunda puerta: la del Arco del Ajujar. Comenzada a construir en el siglo XIII (como la muralla), en sus bajos hay un pequeño museo Municipal. Junto a la puerta se podrán observar restos de la antigua fortificación.

Bordeando la población, encinchada por el cauce del Sequillo, alcanzaremos la puerta de San Sebastián. Esta es una puerta señorial que no pertenece a la muralla original. Se construyó en el siglo XVI –sustituyendo una anterior-, y fue costeada por el municipio (es decir, por el pueblo): en su frontispicio figura la inscripción “populus faciebat”. Se trata de una puerta monumental, llamativa por sus dos arcos y característica del Renacimiento. En su cara exterior están labrados los escudos de la ciudad, y en su interior alberga una capilla donde se venera la imagen del Cristo de las Puertas.

Fuente y alberca de San Sebastián, en la carretera de Villalón, algunos artículos la fechan en el siglo XVI y sería, por tanto, la más antigua de todas las fuentes de la ciudad, erigidas en el siglo XIX.

 
Desde la puerta de San Sebastián, sugiero acercarse hasta el Canal de Castilla (llamado Ramal de Campos) cuya dársena, terminada de construir hacia 1850, se convirtió en el epicentro de una gran actividad industrial y agrícola. Tanto por la zona ajardinada que la rodea como por las vistas que ofrece (la gran lámina de agua crea una luminosidad especial), bien merece la pena recrearse un rato en su entorno. La Fábrica de Harinas San Antonio conserva toda su maquinaria del siglo XIX, y tiene horarios de visita al público. La zona está agradablemente ajardinada y se conoce como “jardines de la Concha”, me imagino que por la forma que ofrece la dársena.

Nuestra vuelta al punto de inicio es el mejor pretexto para atravesar el corazón de Rioseco recorriendo la calle Rúa (como así se conoce en la localidad), pero que, en realidad son dos calles: Lázaro Alonso y Román Martín. Calle a cuyos lados se ubican buena parte de los edificios más monumentales del municipio. La Rúa, singular por sus soportales, está considerada como uno de los conjuntos más interesantes de la arquitectura popular de la provincia.

Ya hemos dejado atrás la Plaza Mayor y nos dirigimos al puente donde comenzamos nuestro paseo… y nos despedimos de Medina de Rioseco fijándonos en un interesante edificio que está a nuestra izquierda: una posada del siglo XVI en la que se alojó el poeta León Felipe (1884-1968) en sus estancias en la localidad. Por cierto, al albaceas de León Felipe, que fue un tal Alejando Campos Ramírez, más conocido por el seudónimo de Finisterre (escritor también aunque de escasa fortuna), se le consiera el  inventor del futbolín.

Plano de Medina de Rioseco, tomado de la página de la Oficina de Turismo.

Medina de Rioseco tiene otros puntos de gran interés, como es la fuente de Valdescopezo, un paseo a recorrer por las afueras del municipio, junto a los restos de un viejo convento; sus iglesias (auténticas catedrales) una de las cuales -la de Santa María- tiene la capilla de los Benavente, considerada la Capilla Sixtina de Castilla; su curiosa plaza de toros de 10 lados inaugurada en 1861; la ermita de Castilviejo; y las fuentes que bordean Rioseco. Pero acaso sean muy desconocidas las bodegas que tiene, muchas en piedra de sillería, y también los restos de su muralla, cuyas piedras están ocultas tras las edificaciones.

Del Museo de San Francisco y de la Fuente de Valdescopezo hay sendos reportajes en este mismo blog.

ARROYO DE LA ENCOMIENDA: UN INTERESANTE MUNICIPIO

Arroyo de la Encomienda, al que más bien se le conoce  como La Flecha es un municipio de humilde origen y enorme crecimiento urbanístico durante los desbocados años de la construcción de adosados y  unifamiliares: de 1.400 habitantes en 1990, en el año que corre contabiliza 20.000 almas.

Esto pudiera hacer creer que se trata de uno más de tantos lugares de escasa importancia que entre tanto ladrillo y numerosas urbanizaciones nada tiene de especial interés. Pero no es así. Arroyo de la Encomienda guarda edificios, lugares e historias que poco a poco se van poniendo de relieve por  el Ayuntamiento,  y  también  gracias a la Asociación Cultural Descubriendo Arroyo, al frente de la cual está, con gran entusiasmo, Andrés Madroño.

Linda Arroyo con el término de Valladolid, y los dos focos de mayor interés histórico y monumental están en sendos extremos del casco urbano, que se divide entre los enclaves de Arroyo de la Encomienda y  La Flecha.  El nombre oficial del municipio es el de Arroyo, aunque parezca que La Flecha se haya “comido” el nombre  del municipio. Los referidos extremos son el antiguo monasterio de Santa Ana (siglo XVIII) y  junto al monasterio lo que queda del pequeño cenobio de San Pedro de las Flechas, del siglo XII. Y en el otro extremo la interesantísima iglesia románica de San Juan Evangelista, también del XII. Y en torno a ambos enclaves diversos testimonios que no deben pasar desapercibidos.

Arroyo, hasta la desamortización, perteneció a la encomienda de San Juan de los monjes de Wamba. De ahí que entre el arroyo del Rodastillo (que nace en Ciguñuela) y su pertenencia los monjes de Wamba, un nombre terminara por ser el que es: Arroyo de la Encomienda.

Contado esto,  nos aprestamos a recorrer el municipio.

Hotel Santa Ana. Antiguo monasterio de los jerónimos de Nuestra Señora de Prado (Valladolid), que se fundó como una especie de  finca de recreo. Los monjes  tenían  aquí importantes explotaciones agrícolas desde el siglo XV, así como  unas grandes aceñas de producción de harina que compraron al conde D. Gonzalo de Guzmán, y un molino de papel.

Las aceñas, tras la Desamortización, las compró al Estado Mariano Miguel de Reinoso (que llegó a ser ministro de Fomento reinando Isabel II), y se transformaron en la fábrica de harinas “La Flecha”, que estuvo en servicio hasta el año 1962. El núcleo urbano  de La Flecha fue formándose sobre las antiguas propiedades de los monjes sobre todo a partir  de la década de 1950, aunque ya en el siglo XIX se cita en ocasiones este enclave como “barrio de La Flecha” que, por ejemplo en 1885 se indica que tenía “dos casas”, “pertenecientes a San Juan de Arroyo”. Iglesia que, a su vez, estaba bajo la jurisdicción de la parroquia de Santa María de la Victoria, de Valladolid.

Pared, sin la leyenda que presidía su fachada, con escudo episcopal: iglesia de San Pedro de las Flechas (de ahí el nombre de La Flecha). Se trata de un repoblador del siglo XII. El resto del edifico se derribó recientemente. El texto que presidia la entrada era el siguiente: “DON PEDRO PÉREZ PERÓN FUNDÓ ÉSTA IGLESIA AÑO DE 1150. DON NICOLAS VALDES DE CARRIAZO SU DESCENDIENTE Y ÚNICO PATRÓN DELLA SIENDO OBISPO DE GUADIX LA RREDIFICO EN EL AÑO DE 1613”.

Casco viejo de La Flecha, con casas revalorizadas que poco a poco se van arreglando.

Escuelas de 1968 con la casa del maestro en la esquina del fondo.

En la foto se ve el Ayuntamiento, y a la izquierda el Centro de Salud.

Panorámica de La Flecha, con una colorida escultura de Gabarrón.

En la izquierda de la imágen, Cotarra o Cotarrona de la Horca.  Documentado está la existencia de una horca en este lugar en el siglo XV. En primer plano la plaza que con “Holas” en todos los idiomas, creada por Ángel Marcos.

Escultura del vaquero (de Gonzalo Coello),  en pleno Arroyo de la Encomienda, sirve de testimonio de la importante industria ganadera y lechera que hubo en este lugar: la granja de los Ibáñez, de la que dependía la mayoría de la población.

En Arroyo hubo unos 200 jornaleros, que habitaban algunas casas (muy interesantes) que aún se conservan (del siglo XIX).

Iglesia de San Juan Evangelista, del siglo XII. Es una verdadera joya del románico en Valladolid.

La espadaña de la iglesia antes estaba en el centro del edificio, pero se derribó debido a que el peso amenazaba el hundimiento de la misma. Antigua ilustración de Parcerisa.

Junto a la iglesia, una nueva escultura de Coello mostrando al campanero. La campana es original y la regaló al pueblo el conde de Guaquí en 1876. El conde fue propietario de buena parte del término de Arroyo.

Presidiendo la plaza de la Tablonada, el hotel Los jardines de la Abadía. Es una construcción reciente que inspira un aspecto histórico.

Bodega, bajo la plaza de la Tablonada, de la que no está muy clara su propiedad original. Pero desde luego ha servido, recientemente, de bodega comunitaria y durante la Guerra Civil de refugio antiaéreo. En la imágenes, la entrada que nos muestra Andrés,  el presidente de la Asociación Descubriendo Arroyo; e interior de la misma.

Los valores históricos y patrimoniales de Arroyo de la Encomienda se complementan con la vega y orilla del Pisuerga, pero ese paseo para otra ocasión.

UN RECORRIDO POR EL VALLE DEL CUCO

El Valle del Cuco es uno de los rincones más interesantes de la Provincia de Valladolid que limita con Burgos. Formado por seis términos municipales, su nombre se lo da el arroyo del Cuco, que nace en San Llorente y  rinde sus aguas al Duero en Bocos. Desde el Duero,  el valle va subiendo hasta el páramo que separa este río del Valle Esgueva.

Sus municipios se remontan a los últimos años de la Alta Edad Media, cuando los reinos cristianos consiguieron dominar el territorio al norte del Duero y comenzaron a repoblar estas tierras. No obstante, hay evidencias de algún asentamiento de la Edad del Bronce en el término de Bocos de Duero, lo que habla de la benignidad de estas tierras, con abundante agua y con algunos altos, como el monte Gurugú, que proporcionaban adecuadas condiciones para asentamientos humanos bien aprovisionados y defendidos.

El valle lo forman los municipios de Curiel, Bocos, Corrales, Valdearcos, San Llorente y Roturas.

Pueblos pequeños pero no exentos de antigua historia y comunicaciones que, como hemos dicho, se remontan a la Edad Media: por aquí pasa el camino Real de Burgos, en realidad una cañada.

La carretera que vamos a recorrer ensarta cinco de los seis municipios del valle: a Roturas habría que ir por Pesquera de Duero, aunque podríamos acercarnos desde San Llorente pero por un camino de concentración de 6 km.

El recorrido nos permitirá disfrutar de historia, patrimonio, curiosidades y paisajes.

La “puerta” de entrada al valle está en Curiel y su principal recorrido termina en  San Llorente, que es el itinerario que vamos a llevar en esta ocasión. En este mismo blog hay diversas entradas relacionadas con el valle que se detienen en recorridos pormenorizados por Curiel, Roturas, el pico Gurugú y las fuentes, que son una de las señas de identidad de este espléndido territorio vallisoletano.

Rollo jurisdiccional de Curiel en primer término y al fondo, el teso donde estuvo su castillo, del que se conservan algunos cimientos. En moderna construcción se ha levantado una posada Real. Este castillo, frente al de Peñafiel, eran dos verdaderos guardianes del paso del valle del Duero… Y en la carretera,  un vehículo de museo.

Arco de la puerta de la Magdalena, del siglo XIII da testimonio de las cuatro puertas que tuvo la muralla de Curiel.

Llegando a Bocos, al fondo se ve el pico Gurugú, al que se puede subir para ver una panorámica del valle del Duero. Alguna de las antañonas casas del pueblo y el viejo molino.

En Corrales han puesto la fuente del siglo XIX al pie de la iglesia: antes estaba en la pobeda (chopera) de la parte baja del municipio.  Algunas fachadas lucen recuerdos de habitantes que llegaron a centenarios.

De Corrales parten varias sendas que conducen a las fuentes del valle, por si queremos darnos un paseo a pie.

Antes de llegar a Valdearcos de la Vega, todavía en el término municipal de Corrales, hay uno de los árboles singulares  de la provincia de Valladolid. Se trata de la “encina de la Tía Pilar” (que es como se la conoce en la zona), aunque en algún catálogo de arboles singulares se la cita como de la “tía Isabel”.

Valdearcos de la Vega: ermita de la entrada y rollo jurisdiccional en la plaza. En Valdearcos también hay alguna placa de recuerda a vecinos de centenaria edad, lo que acaso demuestre una peculiaridad de la población del valle del Cuco, que es la longevidad de sus habitantes.

Panorámica de San Llorente, torre del Ayuntamiento (en la plaza Socarrena),  y un colmenar tradicional a las afueras del pueblo.

Al final de la calle Hospital, en San Llorente, pasada la Plaza Mayor, hay un amplio balcón que se asoma al valle, y por debajo de esta zona están las bodegas, como tienen todos los municipios del valle.

En el páramo del término de San Llorente está la fuente de la Jarrubia, que da nacimiento al arroyo del Cuco. Y no muy lejos  aún se reconocen las ruinas de un antiguo asentamiento o ermita: Isarrubia o Jarrubia. De Isarrubia queda la talla de una Virgen del siglo XIII que ahora se cobija en la iglesia parroquial de San Llorente.

Bella imagen de cigüeñas en pleno vuelo migratorio.