ENTRE JERÓNIMOS Y EL ESPÍRITU DE PADILLA: LA MEJORADA (OLMEDO)

La Mejorada conserva una joya del mudéjar vallisoletano. Se trata de los restos de un monasterio que hunde sus raíces en el siglo XIV.

Ahora, lo más sobresaliente de aquel monasterio jerónimo es la llamada capilla del Crucifijo, de los Becerra o de los Zuazo, aunque no hay que menospreciar otras construcciones de interés. Lo cierto es que tras el paso de los franceses durante la Guerra de Independencia y la posterior desamortización, se perdió buena parte del esplendor que pudiera haber tenido en su momento.

En 1892  la orden de los dominicos adquirió la finca para instalar en ella un colegio, que estuvo en uso hasta los años 60. Vendida en 1984, pasó a convertirse en una explotación agrícola. A partir de ese momento unos edificios se derribaron y otros se descuidaron: todo lo que no  fuera útil para la producción agrícola fue sometido a la incuria de sus nuevos propietarios.  Y hasta que toda la finca en 1999 fue comprada por unos empresarios, entre los que se encontraba el afamado arquitecto Rafael Moneo, languideció como colonia veraniega juvenil y granja escuela, actividad muy de moda en las últimas décadas del siglo XX.

La inversión de aquellos empresarios fue para dedicar las instalaciones  a explotación vinícola abarcando todo el proceso de elaboración del vino: desde la cepa hasta la botella. No obstante, esta finca desde sus inicios medievales tuvo vocación vinícola, de tal manera que los monjes llegaron a construir hasta dos lagares.

Aquella iniciativa fue mano balsámica para el monasterio, pues no solo se paró la destrucción del patrimonio arquitectónico sino que se ha rehabilitado en buena parte. Sin duda a ello ha contribuido Moneo, que finalmente se quedó, junto con su familia, con la propiedad absoluta de la finca de La Mejorada, que actualmente tiene una extensión de 140 ha. de las cuales unas 40 se dedican en exclusiva a producción de uva.

Por cierto, un hecho tan histórico como poco conocido es que en La Mejorada se enterró el cuerpo de Padilla, una vez ajusticiados los capitanes comuneros después de la batalla de Villalar.  Carlos V no permitió que su viuda, María Pacheco, se llevara los restos hasta Toledo para evitar convertirle en un mártir. Una vez perdido Toledo para la causa comunera, el enterramiento de Padilla continuó en La Mejorada, sin que se sepa que fue de sus despojos… A lo mejor su espíritu está vagando por la finca.

Contado todo esto, vamos a dar un agradable paseo por los edificios que aún se mantienen en pie, no sin antes comentar que para quien esté interesado en ampliar información sin perderse en búsqueda de textos, recomiendo el artículo de José Menéndez Trigos y María José Redondo Cantera publicado en 1996 por la Universidad de Valladolid  titulado: “El monasterio de Nuestra Señora de La Mejorada (Olmedo) y la capilla del Crucifijo, o de los Zuazo” (se puede ver en internet).

La finca está a siete kilómetros de Olmedo, en la carretera que conduce a Matapozuelos. El último kilómetro hay que hacerlo por un camino en mediano estado pero perfectamente transitable.

 

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Aproximación a La Mejorada. El monasterio fue protegido por reyes y nobles, lo que le dotó de cuantiosas ayudas para su construcción y numerosas rentas para su mantenimiento. Por sus dependencias pasaron  principales actores de la historia de la España: Fernando I de Aragón, doña María (esposa de Juan II),  Isabel la Católica, Carlos V, Felipe II;  y otros personajes menos relevantes pero de gran importancia en la historia de Castilla, como los Alderete… Y Cristóbal Colón estuvo alojado mientras redactó su famoso (y  desconocido) Memorial de 1497, que versaba sobre la demarcación de los mares y tierras entre los reinos de Castilla y Portugal.

 

2 Viene el nombre de La Mejorada por la fundadora” María Pérez, que en la herencia recibió estos pagos porque sus padres habían “mejorado” su testamento respecto a lo que recibieron sus hermanos. Hacia 1330 ya se levantó una capilla y  luego unos ermitaños se hicieron cargo del lugar. En 1396 estos mismos ermitaños quisieron establecerse como monasterio y para ello adoptaron la Regla de San Jerónimo. A partir de este momento, y protegidos por Fernando de Antequera, futuro Fernando I de Aragón, los jerónimos comenzaron a recorrer un camino de esplendor arquitectónico y artístico.
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Puerta de acceso, del siglo XVIII.

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Un grupo de visitantes tuvo la fortuna de coincidir con Moneo, con el que comentó diversos temas,  antes de iniciar la visita guiada personalmente por la sumiller Paloma Cendón.

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Trazas de la antigua iglesia del monasterio, en cuyo cabecero se construyó la capilla mudéjar.

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Capilla del Crucifijo, del siglo XV. Se trata de una capilla funeraria, pues, en realidad, fue dedicada a albergar diversos enterramientos de personajes vinculados de una u otra manera con La Mejorada. De construcción mudéjar (estilo considerado por la nobleza y la iglesia como arte de lujo), fue declarada Monumento Nacional en 1931, lo que no sirvió para impedir que se siguiera deteriorando. La restauración ha querido ser respetuosa con los diferentes materiales, añadidos y modificaciones que ha ido teniendo a lo largo de los siglos. 

 

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Durante su restauración se ha localizado el color rojizo original que tenían sus paredes. Aunque han desparecido todos los enterramientos que en ella hubo, mantiene razonablemente bien su valor e interés arquitectónico y decorativo. Diversos estudios establecen un paralelismo  con las qubba islámicas: estructura cúbica cupulada, que en el cristianismo se ha dedicado a capilla o enterramientos, como es el caso de esta de La Mejorada.

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Arco gótico y  detalle de la antigua capilla de los Fonseca, que estaba unida a la del Crucifijo.

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La piscina que construyeron los dominicos escondía los restos de la antigua Hospedería Real, de la que ahora se aprecia el arranque de una de sus paredes. Estaba construida en tapial y ya muy deteriorada desde hace siglos.

 
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Casa del Peregrino cuyas dependencias se dedicaban a dormitorio de los peregrinos en su caminar hacia Santiago de Compostela,  y en el que también se alojaban los pastores que acompañaban a los rebaños de la Mesta que transitaban por estas tierras.

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Torreón de finales del XIX edificado por los dominicos sobre las antiguas dependencias de los monjes jerónimos cuyo edificio, desde el siglo XV (del que aún guarda sus trazas),  ha conocido numerosas reformas y añadidos.

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Panorámica del antiguo monasterio. Por debajo del torreón están la parte que se conserva del primer monasterio del siglo XV. Por cuya puerta vamos a  acceder al edificio.

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El Claustro Nuevo y la fuente Isabelina que ocupa su centro.

 
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En la parte baja del edificio se alojan las naves dedicadas a la elaboración del vino, aprovechando dependencias que los dominicos habilitaron a finales del XIX para  gimnasio.

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Refectorio del monasterio.

 
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Actual palomar, anteriormente fue una noria. El monasterio contó con numerosos dependencias: hospedería, enfermería, lagar y bodega, horno, panadería, colmenar, estanques, norias, etc.

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Almacén y puerta de Poniente, del siglo XVIII.

 

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Miembros muy destacados de la curia, como el cardenal Mendoza o los obispos Alonso y Juan de Fonseca, así como por ejemplo el Gran Capitán, fueron donantes que favorecieron el esplendor artístico que llegó a conocer  el monasterio, que contó con piezas señeras del arte hispano, como es el caso del retablo de Berruguete (en la foto) que ahora se conserva en el Museo Nacional de Escultura donde, por cierto, hay otras piezas de La Mejorada, como un Ecce Homo, la Virgen de la Rosa, un retablo de San Jerónimo, etc. Hay  obras del monasterio repartidas por diferentes lugares, como Olmedo.

NOTA: La finca ofrece visitas guiadas que se pueden concertar en comercial@lamejorada. es; o en el teléfono 625 677 208

EVOCACIÓN DE ANTIGUOS PARAJES EN CEINOS DE CAMPOS (II)

Un paseo de no muchas referencias, pero de una gran intensidad. En cada lugar que posemos la vista late la vida que otrora hubo en estos parajes. La soledad que ahora los caracteriza no puede ignorar el enorme trasiego de actividad que acogía. Paisajes que han mudado a lo largo de los siglos hasta el punto de que ahora ya apenas nada tienen que ver con el origen que los fue creando: pozos y abrevaderos para asegurar el agua del ganado lanar que transitaba por estos caminos. Caminos y descansaderos que acogían el ir y venir de los ganados cañariegos, viñedos…

… Un chozo descontextualizado pues en su origen no fue refugio de pastores, sino de viñadores; una fuente que servía para surtir de agua a un antiguo asentamiento romano…

La Cañada Real Leonesa Occidental entra en Valladolid por Mayorga y la actual carretera que desde Rioseco nos lleva hasta aquella población está construida siguiendo la cañada.

Para  nuestra excursión es recomendable venir desde Ceinos,  y nada más pasar el punto kilométrico 249 tomar un somero camino (1) que sale a nuestra derecha. Ahí dejamos el vehículo e iniciamos nuestro paseo a pie que, entre ida y vuelta no sobrepasará los 4 kilómetros.

 

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El paseo discurre por lo que aún se conserva de la cañada y los prados que no han sido arados por formar parte de la cañada y sus descansaderos. Estamos en Tierra de Campos y, por tanto,  el paisaje no puede ser más somero. Nuestro punto de referencia es la pequeña chopera que esconde la fuente de Santiago

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La primera construcción que nos encontraremos será el pozo de los Gallegos (2), uno de esos milagros de agua que hay en estas tierras. Tiene fama Tierra de Campos de seca,  pero lo cierto es que los terrenos alomados que recogen el agua  y la capa arcillosa que casi a flor de tierra impermeabiliza el subsuelo, hacen que sea relativamente fácil la existencia de fuentes y pozos, como este que aún da de beber a los rebaños que a diario recorren la cañada

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Nuestra siguiente parada (3) será el chozo escoltado por unos almendros. Ahora supongo que poca  utilidad tendrá, pero su exterior demuestra el interés de su propietario por mantenerle en pie pues está perfectamente “trullado” (o embarrado) para evitar que el agua desmorone la construcción. Aunque no veamos majuelo alguno,  podemos apostar de que se trata de un guardaviñas. Es decir,  un chozo que servía para guardar la herramienta de la viña y cobijar en caso de inclemencias del tiempo y en las horas tórridas del estío. La existencia de esos cuatro almendros le delata como tal, pues es  tradición en Valladolid (al menos), asociar viñas y almendros. De hecho en la Edad Media lo normal es que los árboles frutales se pusieran en los viñedos o sus alrededores

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Y enfilamos por el recto camino hacia una extensa pradería que a nuestra izquierda nos facilitará el paso hasta la chopera, sin tener que pisar tierra cultivada alguna. La Fuente de Santiago (4) está  escondida en una pequeña chopera cuyas raíces “beben” de las aguas del arroyo de Carboneros y de las mismas aguas de la fuente.  Figura Ceinos  en la relación de enclaves terracampinos en los que hubo asentamiento romano. Más no significa esto que se trate de una fuente de construcción romana. En esta comarca la penetración romana fue más bien tardía (siglos II a IV d. C.) y no estamos hablando de una tradicional villa, aunque en el pago de la fuente se han hallado restos romanos. Además no nos hallamos demasiado lejos del único puente romano que sobrevive en Valladolid en el municipio limítrofe de Becilla de Valderaduey

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Plano que nos ayudará en nuestra excursión

CEINOS DE CAMPOS: UN PUEBLO DE VIEJA HISTORIA (I)

Ceinos de Campos es uno de esos municipios terracampinos que a pesar de que, como muchos de la comarca, ha venido a menos, su caserío desborda riqueza y poderío por todas sus costuras.

El trigo, con el que señores feudales y reyes   garantizaban la intendencia de sus huestes en las contiendas territoriales que han caracterizado la historia de los reinos de Castilla y León, fue siempre motivo de litigios. Más tarde llegarían las exportaciones, especialmente a las colonias españolas en América y Filipinas, y a las potencias que luchaban en la guerra de Crimea. El Canal de Castilla primero y el ferrocarril después contribuyeron a que el trigo de Castilla fuera una especie de río dorado que enriquecía haciendas, levantaba paneras  y consolidaba casonas.

Además, durante siglos la Cañada Real Leonesa, que pasaba junto al municipio, no hizo sino acrecentar la actividad de Ceinos. Pueblo que presume de vieja historia que se remonta a la existencia de una villa romana hacia los siglos II y IV d. C. Así como, sobre todo, una poderosa bailía templaria (territorio sujeto a la jurisdicción de aquella orden mitad monjes mitad soldados),  que construyó una mítica iglesia de la que aún se conservan algunos desperdigados restos.

Recorreremos el casco urbano de Ceinos,  y para una próxima entrega pasearemos por sus inmediaciones, en las que hay interesantes puntos de interés.

No creo que dadas las dimensiones del municipio, sea necesario establecer un itinerario. Recomiendo aparcar tras el Ayuntamiento y comenzar un paseo distendido y atento por ejemplo por la calle Marqués de Estella, o del Medio, que atraviesan todo el pueblo. El caserío se extiende por detrás del Ayuntamiento: hacia la izquierda está el cementerio (en un alto), y hacia la derecha (también en alto: Castillo o Mota)  el parque que acoge la arquería templaria.

 

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La actual Casa Consistorial, que está en la misma carretera,  se construyó a principios del s. XX, sustituyendo otra que había en lamentable estado

 

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Puerta y torre  de la iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XVI

 

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Fachada de una casa en la calle Cantera que por su salida sur conduce hacia el cementerio en lo alto del municipio. Los arcos de las ventanas proceden de la iglesia de Santa María del Temple

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Arco en la puerta del cementerio procedente de Santa María

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Edificio del antiguo pósito, tras la iglesia y junto a los restos de una antigua capilla. Ahora está muy reformado y sirve como salón para diversas actividades

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Algún vecino ilustrado atribuye la rica fachada de este caserón destartalado a los Nanclares: una familia influyente que se remonta al menos al siglo XVII y entre cuyos miembros hubo procuradores y regidores, siempre presumiendo de su condición de hidalgos

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Hay varias paneras de grandes proporciones así como diversos caserones

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Presume Ceinos de haber tenido hijos que en 1575 embarcaron rumbo a  América. A tal acontecimiento se les dedica una plaza en la parte alta de pueblo que llaman Castillo o Mota. Y en este mismo lugar…

 

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… Restos  y detalle de la arquería de la iglesia de Santa María, que  se remonta al siglo XII. Hasta su total destrucción en el siglo XIX sus ruinas sirvieron de cementerio. El problema es que era de reducidas dimensiones  y estaba en pleno casco urbano: a cada enterramiento se removían los huesos de anteriores difuntos, lo que llevó a construir un nuevo campo santo más desahogado y  alejado del municipio. Los arcos antes estaban depositados en el Museo Nacional de Escultura

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El pozo que, junto con algún manantial, abasteció de agua a la población hasta que llegó el agua corriente a las casas

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Conserva el pueblo una cosa que es muy de agradecer tratándose de arquitectura civil,  normalmente muy maltratada: el viejo frontón de 1876 que han integrado en el polideportivo que hay junto al Ayuntamiento. En las imágenes una vista general y detalle de su coronación

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Detalle de la fachada de la casa que está prácticamente frente al Ayuntamiento

 

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Panorámica del entorno de Ceínos, en la que no faltan los característicos palomares de Tierra de Campos… En unos días nos daremos un paseo por la Cañada Real Leonesa

 

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Reproducción del grabado de Santa María del Temple, realizado por Parcerisa (siglo XIX). Publicado en “Recuerdos y grandezas de España. Valladolid (1861)”. Edición facsímil de Ámbito Ediciones

EL CAMINO REAL DE ARAGÓN Y LAS MAMBLAS DE TUDELA

Muy perdido en la memoria de la gente, pero no desaparecido, el Camino Real de Aragón, que también se conoce como camino o senda de los Aragoneses, fue un importante itinerario medieval de la España interior. Servía de vía de comunicación entre los reinos de Castilla y Aragón y para ello atravesaba de Este a Oeste la provincia de Valladolid siguiendo el curso del Duero por su orilla derecha. Una desafortunada señalización en los mapas topográficos actuales y algunos percances naturales que han desdibujado el camino en algún tramo, contribuyen aún más si cabe a borrar las huellas del camino que, sin embargo, aún perviven y son visibles.

Este camino, que viene de Roa de Duero, entra en Valladolid por Corrales de Duero y, además de poblaciones, fue buscando algunas grandes granjas (Sardoncillo) e importantes monasterios, como el de San Bernardo o el de Abrojo. Debe tenerse en cuenta que los que lo transitaban necesitaban de lugares donde ampararse durante la noche, proveerse de viandas y guarecerse en días de adversas condiciones climáticas.

Ahora, con las  autopistas sobre las que circulan grandes camiones cargados de mercancías y vehículos confortables a alta velocidad, ya no se es consciente de que apenas hace cien años aún los desplazamientos entre poblaciones se hacían a pie, salvo nobles y burgueses que disponían de caballerías.

Antiguamente la mayoría de la población moría donde  nacía, y apenas hacía largos desplazamientos. No obstante, el camino Real de Aragón fue vía de comunicación para las más diversas necesidades: las migraciones para trabajos temporeros; los soldados de permiso o de vuelta a casa tras su licencia;  familias que tenían que atender el duelo de deudos cercanos… Por el camino trajinaban profesionales que iban a ofrecer su pericia pueblo por pueblo (alarifes, lañadores, cómicos, curanderos…), vendedores ambulantes y hortelanos de ligera carga. Seguramente, además, había cacharreros ofreciendo cántaros y otros recipientes.

Tampoco faltarían letrados y litigantes camino de los juzgados y la Chancillería vallisoletana —era un foco de actividad muy importante—, hidalgos y nobles que iban y venían a atender sus intereses a la Corte, a las ciudades principales (Valladolid, Zaragoza…) o a sus posesiones de los municipios del camino. Y monjes y frailes de los conventos ribereños del Duero, que con alguna frecuencia viajaban para atender asuntos y pleitos relacionados con sus extensas y repartidas propiedades: pastos, molinos, tierras de labranza…

… Y ¿por dónde viajó nuestro insigne Conde Ansúrez cuando marchó a defender los intereses de su yerno y nieto en las tierras catalanas de Urgel, sino por este camino?

El Camino Real de Aragón a su paso por Valladolid también ha servido para alimentar la fantasía, pues en Tudela de Duero algunas familias cuentan a sus hijos que cada 6 de enero los Reyes Magos vienen por el camino de los Aragoneses. Y no mienten, pues el camino viene de Oriente.

Pero aquellos desplazamientos necesitaban, además de aldeas o granjas donde refugiarse, de accidentes geográficos que permitieran a los viajeros orientarse y verificar que se hallaban en el buen camino: ríos, arroyos, grandes árboles, montes… en fin, alguna singularidad del paisaje que es, en definitiva, lo que ofrecen las Mamblas de Tudela a cuyos pies vamos a recorrer un tramo del Camino Real de Aragón y luego subirlas para disfrutar de espléndidos paisajes. Será un paseo de apenas un par de horas.

Iniciamos nuestro paseo por un camino que nace al pie de la carretera que desde Tudela lleva a Villabáñez.

 

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La senda de los Aragoneses entra en el término de Tudela de Duero después de haber salvado los cortados de Peñalba, y tiene su principal referencia en las llamadas Mamblas. El término mambla viene del latín “mamma”… mámula… es decir mama, teta, pecho como queda de manifiesto en el perfil que ofrecen las de Tudela

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Atrás, salvado Peñalba dejamos una de las Mamblas. Hay que aclarar que las llamadas Mamblas de Tudela son, en realidad tres picos: el de la Mambla a la izquierda, el de la Cuchilla, a la derecha y, lo dicho, otra Mambla que apunta a Villabáñez

 
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Aunque llegó al siglo XX muy en desuso para comunicar los reinos de Aragón y Castilla, sí ha continuado su uso al menos en los tránsitos interiores: en el puente medieval sobre el arroyo Jaramiel, al pie de la Mambla de Tudela (allí donde a la derecha un amplio camino se adentra en el valle del Jaramiel), se atestiguan obras de consolidación en 1892, tal como reza en la piedra clave que mira hacia el Sur. En este punto volvemos sobre nuestros pasos para subir a la Mambla

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Según ascendemos el camino que separa la Mambla y la Cuchilla, veremos algunas arruinadas construcciones que seguramente tengan que ver con el uso militar que  la Mambla tuvo brevemente, y con la actividad de extracción de yeso de una mina que todavía conserva en su vientre…

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… También se ha escogido como lugar ideal para sendos depósitos de agua con los que, junto a los que hay en Piña de Esgueva,  abastecen a los municipios  del valle del Jaramiel y de la Esgueva con el agua captada en el Duero en Olivares y  Tudela respectivamente

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En la Mambla hubo una importante mina de yeso que estuvo en explotación  hasta los años 60 del s. XX,  con un breve paréntesis de uso militar (polvorín), y más tarde se empleó para cría de champiñones. Son muchas las minas de yeso que hay en Valladolid y que conoceremos con cierto detalle en un próximo artículo

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Subimos a lo alto de la Mambla (829  m.) desde donde tenemos amplísimas vistas. Frente a nosotros el pico de la Cuchilla (842 m), y al fondo, otra Mambla (831 m.)

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A vista de pájaro, la carretera que conduce hacia Villabáñez y Villavaquerín, cuyos caseríos se distinguen al fondo

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Arturo Dueñas rodó un documental sobre el pintor Cuadrado Lomas que se titula “Tierras  construidas”… seguramente desde aquí habría podido obtener excelentes planos

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Un sencillo plano para orientarnos en la excursión propuesta, aunque no tiene pérdida alguna… pues las Mamblas nos guían, como les ocurría a los viajeros de la Edad Media. En el ángulo inferior derecho está el punto de partida

LA FUENTE EL SOL, UN BELLO PARAJE A LAS PUERTAS DE VALLADOLID

El paraje de Fuente el Sol es todo un clásico de Valladolid. Lugar muy conocido y otrora frecuentado por las familias para pasar las tardes de los domingos. Incluso había junto a la fuente un chiringuito que servía refrescos y vino con gaseosa para acompañar las meriendas.

La Fuente el Sol ha contado históricamente con el aprecio de la ciudad, tanto por la calidad de sus aguas como por el entorno natural que la rodea. Tal era la bondad de sus aguas que en ocasiones algún industrial pidió el derecho a usarlas para industrias alimenticias. Y, además, en 1934 se constituyó una Asociación de amigos de la Fuente del Sol en la que estaban ilustres apellidos de la sociedad vallisoletana. Este aprecio por la fuente y el parque tiene en la actualidad una nueva versión en un blog: http://amigosfuenteelsol.blogspot.com.es/ que animo a consultar.

Este lugar es conocido al menos desde el siglo XVI, y desde el manantial se encauzaron las aguas a principios del XVII para erigir una hermosa fuente en la inmediaciones del puente Mayor: “una fuente linda que arrojaba gran cantidad de agua” y que estuvo en uso muchos años durante aquel siglo. Como curiosidad podemos decir que la actual calle Fuente el Sol antes se llamaba del Arca, aludiendo a que por ella discurría la canalización, con sus arcas correspondientes,  hasta la actual plaza de San Bartolomé.

Nuevas posibilidades de desplazamiento mediante el vehículo, y la introducción de otros usos y costumbres contribuyó a su  decaimiento como lugar preferido para el solaz. No obstante, la Fuente el Sol nos proporciona un entorno profusamente arbolado, con diversos senderos y con amplísimas vistas sobre la ciudad y municipios del entorno.

Y con estas premisas nos aprestamos a dar un paseo por este paraje. Lo iniciaremos en la pradera inmediata a la fuente, y llegados arriba tomaremos el camino de la derecha para ir bordeando todo el páramo (dejando a la derecha el centro hípico).

 

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Agradable pradera de chopos con bancos, mesas y algún juego infantil inmediato a la fuente

 

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Así se habló en el Ayuntamiento de la Fuente el Sol en 1958: “Uno de los parajes más bonitos de Valladolid por su abundancia de arbolado, por su situación y por disponer de agua suficiente… se ha convertido en un ameno lugar de esparcimiento y recreo de gran número de familias que allí acuden los días festivos”. Observaremos un sendero a la derecha de la fuente que nos brinda más opciones de paseo por el paraje. El frontispicio de la fuente lleva grabada la fecha de 1938, año en que se rehabilitó y cuya inauguración supuso un acontecimiento que congregó una verdadera muchedumbre, amén de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas típicas de la época

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Una fuentecilla “menor” próxima a la afamada del Sol. Advierten  quienes las conocen que no siempre tiene la misma calidad de agua una y otra. Que según épocas tiene mejor agua la fuentecilla

 
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Hace unos quince años,  una Escuela Taller acometió la completa renovación de la fuente el Sol: delimitación de caminos y sendas, plantación de arbolado, canalización de aguas de escorrentía que deterioraban las laderas, construcción de un mirador, etc. 

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Está fuente el Sol en las estribaciones de los Montes Torozos que los atraviesa la GR 26 que conduce hacia Tierra de Campos

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En el bosquecillo que se ve al fondo (a su  izquierda se ve el caserío de Zaratán) hay una pequeña fuente conocida como la Mona. Ya no corre el agua por ella, escondida en el sombrío  de pinos, cipreses de Arizona  y chopos

 
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Seguimos recorriendo el borde hasta llegar a un mirador, que nos ofrece amplias vistas

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Plantaciones con diversa vegetación arbórea y arbustiva. También se ha reproducido un majano que facilite la vida de roedores e invertabrados

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Pinar, y sendero por el que descendemos de nuevo hacia la fuente. También podemos volver por la vaguada: hay suficiente señalización que nos advierte sobre la dirección a seguir

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A finales del s. XVI el holandés Antón Van Den Wyngaerde, pintor de Cámara de Felipe II, dibujó por orden del monarca hasta 64 villas y ciudades españolas. Entre ellas Valladolid. Y lo hizo desde las laderas de la cuesta de la Maruquesa, a los pies de fuente el Sol. El perfil de la ciudad se caracterizaba por las torres de las iglesias. Pues bien, casi 450 años más tarde, si nos acompañamos por unos prismáticos, aún podremos ver como entre los modernos edificios aún emerge aquel Valladolid antiguo: fachada de San Pablo y torre de San Martín, Torre de la Antigua, Catedral (aunque no era esta la torre de entonces), iglesia de El Salvador y torre de Santiago

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La dársena del Canal de Castilla desde fuente el Sol

TRASPINEDO: SOPORTALES, PAISAJE Y CARRAVACOS

La fama de pueblo de veraneo y el número infinito de chalés que han invadido algunos pinares de Traspinedo, ocultan un municipio con interesante historia y construcciones peculiares que lo hacen merecedor de un detenido paseo por su casco urbano y alrededores.

Traspinedo hunde sus raíces en la Edad Media y ya entonces sus tierras  tenían importancia. Prueba de ello es que en el s. XV compartía terrenos con la poderosa villa de  Cuéllar, con quien para conservar y aprovechar aquellos bienes comunes (pastos, trigos y otros), tuvo que hacer una Ordenanza de concordia en el año de 1481.

Un pueblo al que no le faltó su castillo (en el siglo XIX ya estaba arruinado), ni las consiguientes leyendas habida cuenta de las numerosas bodegas con sus correspondientes túneles: no será difícil escuchar que uno hay que llega, o llegaba, hasta Montemayor… pero nadie lo ha recorrido.

Mucho más reciente es la explotación resinera en Traspinedo, que tuvo su importancia. Pero eso ya fue en el siglo XIX.

Es el caso, que hoy día puede presumir de un caserío muy arreglado y de una ganada fama de restaurantes de buen lechazo servido en pincho: hasta siete hay en Traspinedo que pugnan por mantenerse como referencia de este singular manjar que ya han copiado en otras localidades.

Pues, ¡ea! vamos a recorrer algunas calles, subiremos hasta la Atalaya y visitaremos el Centro de Interpretación de la Resina.

 

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Partimos del viejo molino de trigo, a las afueras del pueblo, al final de la calle Molino, y junto al lavadero

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Este puentecillo salvaba el arroyo Molino, una acequia que cogía sus aguas en el Valcorba, y que además de mover el molino de cereal llevaba las aguas hasta un molino de papel, como a medio km. del pueblo. Una vez que ambos molinos dejaron de funcionar, la Confederación Hidrográfica del Duero canceló el arroyo Molino y, ahora es un problema para Traspinedo, pues la falta de esa corriente impide que se pueda adecentar y recuperar  la vegetación y el entorno junto a  su cauce

 
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Singular lavadero, junto al molino, que ahora sirve para mantener un interesante hábitat para las ranas. En Traspinedo había varios humedales

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Y nos adentramos en el casco urbano por la calle Mayor. Arteria principal en la que veremos varios soportales de madera. Algún experto los ha calificado como los más antiguos de la Provincia. Desde luego su rusticidad y singularidad son evidentes

 
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Cada pie derecho de los soportales antiguos  es totalmente diferente. Hay que detenerse y disfrutar de esta peculiaridad que no es fácil ver en otras localidades

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La casa donde nació José Velicia, el impulsor de las Edades del Hombre

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Plaza del Rollo, cuyo nombre nos evoca jurisdicciones medievales

 
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Iglesia dedicada a San Martín de Tours (de trazas del s. XV y reformas del XVIII). Si llamo la atención sobre ella es, sobre todo, por la dedicación a uno de los personajes más interesantes de la Iglesia Católica, cuya vida y proyección posterior daría para una enciclopecia. Del siglo IV, y francés,  su fama fue tanta que cosecha millares de referencias en Europa. Aquel soldado romano convertido al cristianismo ha sido declarado como uno de los grandes viajeros europeos

 
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La nueva Casa Consistorial acondicionada en las  antiguas escuelas. De aquí parte la calle de las Bodegas, por donde subiremos hasta la Atalaya: media hora a lo sumo…

 

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…Y el barrio de bodegas, camino de la Atalaya, desde donde disfrutaremos de vistas sobre el caserío de Traspinedo

 

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La atalaya, un roble centenario que destaca por su porte, y desde donde hay  amplias panorámicas sobre el valle del Valcorba. Las atalayas, en la cultura antigua, eran árboles que se dejaban crecer para que  su sombra sirviera de cobijo, y sus frutos de simiente para la reproducción del monte

 
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De regreso al pueblo, tomamos la primera calle (Nogal) a la derecha que, todo seguido, nos llevará hasta el Centro de Interpretación de la Resina, inmediato al molino y lavadero que visitamos al principio

 
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Curioso espacio museístico que relata la historia e historias de la explotación resinera en Traspinedo, pero que trasciende el localismo para introducirnos en una actividad que estaba prácticamente perdida y que de nuevo renace en los últimos tiempos. En la localidad, a las piñas las llaman carravacos y a las almendras chichotes

 
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Entre las calles Abadía y Castillo, un enigmático escudo alusivo al camino de Santiago que, desde luego, no trascurría por Traspinedo… y algún vecino presume, seguramente con razón,  de vivienda originaria del siglo XVII

 

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Amanecer entre pinos, camino de la Atalaya

BARRIO DE LAS FLORES: UN MIRADOR SOBRE VALLADOLID

El barrio de las Flores comenzó a trepar por las laderas del teso que dominaba el antiguo campo de tiro y zona de maniobras militares, como a medio kilómetro de los Pajarillos Altos. Aquello ocurrió en los años 60 de pasado siglo, y su crecimiento terminó por colonizar toda la elevación. Sus moradores, que en muchos casos se hacían su propia vivienda, provenían principalmente de los municipios próximos a Valladolid. Acudían al llamamiento del desarrollo industrial que la ciudad estaba conociendo en aquellas décadas. Consiguientemente, la construcción también tiraba de mucha mano de obra.

No fue, ni mucho menos, una barriada de chabolas, no. Las casas, aunque modestas, tenían una sólida y cuidada construcción y sus moradores eran obreros que regularmente ganaban su jornal. Bien es cierto que por los motivos que sea,  un pequeño rincón del barrio ha devenido en cierta marginalidad en la zona de la calle Flor.

Pero es un barrio que sigue creciendo a pesar de que fue el último que llegó a tener alcantarillado en las casas, pues algunas de ellas  hasta hace apenas una década aún tenían que solucionar su higiene mediante fosas sépticas.

Su caserío es bien curioso: rodeado de naves industriales por muchos flancos, sus casas bajas dominan las laderas en las que poco a poco se van levantando grupos de viviendas de varias alturas. Pero  la crisis dejó en el dique seco nuevas viviendas. No obstante  hay expectativas, en un futuro incierto,  de que buena parte de las suaves laderas del teso y el páramo de San Isidro, lleguen a ver como se construyen grandes urbanizaciones.

Contado esto vamos a dar un paseo por las Flores. El recorrido sigue un itinerario que comienza en la calle Flor de Acebo, que arranca en la carretera de Villabáñez, junto a la gasolinera inmediata a la ronda, y concluirá siguiendo el canal del Duero que discurre a los pies del barrio, pero esto no es más que una sugerencia.

 

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Calle Flor de Acebo, en la que naves industriales y viviendas de reciente construcción se miran cara a cara

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Uno de los parquecillos que se han construido aprovechando espacios libres inmediatos a las casas

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En la calle Azucena, por ejemplo, ya estamos inmersos de lleno en el barrio, en cuyas calles contrastan las primitivas construcciones tal cual, reformas de aquellas, y nuevas viviendas

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Por la calle Margarita llegamos a la plaza de Mayo, en la que alguna trasera ha servido para decorar el barrio a iniciativa de la Asociación Vecinal

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Centro Cívico

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Al final del barrio hay un pequeño pinarcillo que, sin embargo, tiene su importancia pues a él acuden personas interesadas en las aves debido a que cobija diversas especies de pájaros, acaso protegidos por el silencio que rodea al arbolado

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Mirador sobre el páramo de San Isidro. Desde él se ven las naves de los nuevos talleres ferroviarios, el término de La Cistérniga,  y fincas y amplias tierras aún cultivadas, amenazadas de futuras urbanizaciones de viviendas. La hilera de chopos pespuntea el canal del Duero

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Desde aquí descendemos hacia el canal, que iremos siguiendo hasta llegar prácticamente a la Ronda. Aprovecharemos para ver algunas construcciones industriales y diversas promociones de viviendas recientes

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Iniciamos un nuevo ascenso al barrio por un  parque de reciente urbanización desde el cual se aprecian nuevas vistas de Valladolid