ESTACIONES PARA EL RECUERDO

La necesidad de un sitio para que la población de Valladolid se

expansionase, de manera especial la clase trabajadora, animó al Ayuntamiento del año 1900 a realizar gestiones para que la Compañía de los Ferrocarriles del Norte construyera un apeadero en el Pinar de Antequera; poco más tarde se levantó una pe  queña estación que sin contemplaciones ni sensibilidad por la historia vallisoletana se ha derribado recientemente.

Se trataba de una típica estación  de ladrillo que en su interior ofrecía una interesante estructura y escalera de hierro. Un lugar donde facilitar que la gente pudiera llegar al Pinar y “saturar los pulmones dando vida y energía”.(Fotografía de la estación de El Pinar) estaciones para el recuerdo 1

 Unos pocos años antes, exactamente en 1885, de la estación de El Pinar, se había construido la de La Esperanza, en el tránsito del Arco de Ladrillo a la Farola. Aunque pueda desanimar visitar ahora esta vieja estación,  habida cuenta de lo apartado y abandonada que está, se puede respirar todavía su ambiente ferroviario, que se perderá con la urbanización y construcción de viviendas que se prevé en su alrededor.  

La Esperanza ofrece un conjunto de típicos edificios ferroviarios compuesto por almacenes y edificio de pasajeros. El edificio principal  es de  fachada de mampostería y tradicional reloj de estación, que ya no da la hora a pasajero alguno desde que en 1995 se clausurara definitivamente la línea de Ariza. Desgraciadamente,  una absurda falta de diligencia para guardarlo ha facilitado que algún desaprensivo se haya llevado la esfera. En este edificio  tiene su sede ASVAFER, una asociación de amigos del ferrocarril que trata de conservar la memoria y la historia de este trascendental medio de locomoción, así como fomentar su utilización. (En la fotografía todavía se puede ver el viejo reloj)estaciones para el recuerdo 2

Y no puede terminar  este paseo un tanto melancólico sin hablar de la estación de la plaza de San Bartolomé, en el barrio de la Victoria. Era el punto de partida del tren económico a Medina de Rioseco o más popularmente conocido como tren burra. Comenzó a prestar servicio en 1884 y la línea se cerró en 1969. Su puesta en marcha requirió la compra de 5 locomotoras Sharp-Stewart que se fabricaron en Manchester. Una de estas pequeñas máquinas de vapor se puede ver en la citada plaza rindiendo homenaje a tan entrañable e histórica línea ferroviaria. También en Medina de Rioseco hay otra locomotora  en uno de los jardines que bordean la carretera de León. (Fotografía de la máquina de la plaza de San Bartolomé) estaciones para el recuerdo 3

DOS PUENTES SINGULARES

TAN DISTINTOS COMO INTERESANTES

Uno, de acero vasco construido en el siglo XIX, el del Empecinado, soporta las vías de la abandonada línea de Ariza;  el otro, de hormigón y moderno diseño, permite que el Canal de Riaza salve el cauce del  Duero.

En Bocos de Duero,  junto a un viejo molino  ya en desuso, y pasando por el cementerio, vamos a coger la orilla del Canal de Riaza. Podemos llevar cualquier camino: junto al canal, o derivando un tanto hacia la derecha. En cualquier caso disfrutaremos de las vegas feraces del Duero, que se reputan como las mejores de toda la provincia, enriquecidas  a base de los limos y arenas depositados por las milenarias avenidas del río.

No tardando mucho, se verá el arruinado apeadero de Bocos de la línea ferroviaria Valladolid-Ariza. En este punto ya no hay más que seguir junto a la vía, que  terminará por llevarnos hasta al puente del Empecinado.

El puente metálico  del Empecinado  tiene una longitud de poco más de 61 metros; perfectamente perpendicular al cauce del río, técnicamente responde a una estructura tipo Pratt, que consiste en que las dos vigas que sostienen el puente se unen por la parte superior formando una especie de galería. De momento está transitable.

Contemplar esta singular estructura de acero y caminar sobre ella, produce emoción, pues estamos ante una obra de ingeniería de finales del siglo XIX que merece ser destacada para sacarla del olvido y la indiferencia. Un puente, como los otros de la misma línea ferroviaria,  diseñado por Seyring, que trabajó con Eiffel, y también autor del puente de don Luis,  referencia turística de Oporto.

Pero, casualidades de la vida, muy próximo al puente de acero del Empecinado, hay otro puente ciertamente curioso. De hormigón en la parte construida para el paso de personas, bajo  un arco de chapa pintado de amarillo,  formado por dos tubos de 1 metro de diámetro cada uno, arriostrados entre sí,  por cuyo interior  el agua del Canal de Riaza salva los 70 metros del vano que forma el río en este punto. El canal continúa por la provincia vallisoletana hasta desembocar en el Duero un poco más allá de  Olivares. Es, realmente un puente muy llamativo,  al que se llega, desde donde estamos, en escasos minutos, aunque no haya camino alguno y sea necesario sortear las tierras de cultivo.

El retorno hacia Bocos se hace siguiendo, ya sin dejarlo, el cauce del canal. En total, unas dos horas para un paseo verdaderamente interesante.