EL CUCHILLEJO, TECHO DE VALLADOLID

EL PICO CUCHILLEJO, SITUADO EN UNA PLANICIE A 933 METROS DE ALTITUD, BIEN MERECE UNA CAMINATA

 El Cuchillejo es el punto más alto de Valladolid. No carece de atractivos la caminata que, desde Castrillo de Duero, hay que hacer para llegar hasta el vértice geodésico que marca el techo de la provincia.

 El camino más interesante parte desde las afueras del pueblo, en dirección a Cuevas de Provancos, donde como a trescientos metros se cruza el cauce del Botijas y comienza una ascensión por la ladera del Cuchillejo. Poca pérdida tiene el camino,  pues de lo que se trata es de seguir siempre hacia arriba.

 Pasará el camino hacia el Cuchillejo junto a un manantial tradicional llamado  “fuente de  Covachuela”, recientemente remozado con unos pilones de ladrillo. La marcha llega al pago de la Robleñada. “La ladera del Cuchillejo que da a la fuente es la Robleñada. Así se ha conocido siempre el paraje en el pueblo, digan lo que digan los mapas”, afirman en Castrillo. E insisten, “el Cuchillejo  es el páramo de arriba, y allí está el vértice geodésico.” Y terminan argumentando con contundencia “¿Pero no se ha fijado donde están los pocos robles que hay en el camino? Pues en la Robleñada, cerca de la fuente”.

 Llegados al páramo no queda sino continuar el sendero teniendo ahora como lejano acompañante el cordal de la sierra de Guadarrama que, con toda nitidez, se dibuja en el horizonte.  Aquí arriba, junto a los cultivos tradicionales que habremos de encontrar, como son los cereales, destacan  las extensas plantaciones  de lavanda, trufadas con alguna parcela de romero (si es que la excursión se hace en verano).

 “Estos cultivos son relativamente recientes”,  comenta Mariano, un señor de hondas raíces familiares en el pueblo. “Aunque siempre hubo aquí tradición de recoger la lavanda que crecía de forma espontánea en el campo, se ataba en ramilletes y se bajaba al pueblo para hacer aceites destinados a perfumería”.

 Rebasadas las largas hileras de lavanda y romero, y después de una hora de caminata desde Castrillo, pronto se verá a mano derecha el solitario hito del Pico Cuchillejo junto a un montón de piedras en medio de unas tierras cultivadas. En apenas cien metros se puede uno encaramar en la base de hormigón  y, a poco que nos fijemos dirigiendo la vista hacia el lugar en el que debe estar Peñafiel,  dando la espalda al Guadarrama, se verá, en efecto, que la posición está por encima de la torre del homenaje de su castillo: estamos en el “techo” de Valladolid. Un techo que marca sólo una diferencia de poco menos de trescientos metros respecto a Villafranca del Duero, al otro extremo de la provincia donde el Duero abandona las tierras vallisoletanas a 654 metros sobre el nivel del mar.

 La vuelta puede hacerse por el mismo camino, o buscando otros con el único sentido común de ir descendiendo de nuevo hacia Castrillo de Duero.

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