VIVIENDAS RUPESTRES

EN ALGUNOS PUEBLOS HAY NUMEROSAS CASAS CUEVA, QUE SE HABITARON HASTA NO HACE TANTO TIEMPO

Mediante dinamita se intentaron cegar las entradas a las casas cueva de Cabezón de Pisuerga, que estuvieron habitadas hasta los años 50 del siglo XX. Pero, aún así, algunas de ellas resistieron.

Mas, no es Cabezón el único municipio de Valladolid que ha conocido el fenómeno de la arquitectura troglodita. En Mucientes, Cubillas de Santamarta, Peñaflor de Hornija y Aguilar de Campos, por ejemplo, también hay o había casas cueva. La Cuesta de la Maruquesa, en Valladolid ciudad aún tiene habitadas viviendas que se pueden considerar rupestres. En general, estas casas cueva fueron habitándose tanto por la ocupación de oquedades ya existentes en la montaña, como mediante la excavación manual: “La gente ampliaba sus casas haciendo sisas al monte”, comenta Trini, que nació en una de las casas cueva de Cabezón.

Un tanto escondidas y aisladas están las de algunos de estos municipios. Pero no así las de Cabezón y Aguilar, que están prácticamente en el casco urbano. Por tanto, en cualquiera de ambos lugares se podrán ver con facilidad numerosas casas cuevas.

En el caso de Aguilar de Campos, al norte de la Provincia, estas casas están en las calles más altas del cerro en el que se asienta el municipio y en cuya cumbre hubo un castillo del que ya nada queda. Las casas se conservan en buen estado interior y exterior, algunas de ellas ya bastante transformadas en tanto que sus propietarios han seguido cuidándolas con esmero (algunas convertidas, como en Cabezón, o en Cubillas, en trasteros, bodegas o merenderos donde pasar buenos ratos veraniegos).

Si se ha optado por Aguilar para ver in situ las casas cueva, no será poca cosa el paseo tranquilo por el pueblo para, entre otras cosas, ver el viejo Rollo del XV y, sobre todo, la alucinante iglesia gótico-mudéjar de San Andrés, que al decir de los entendidos es la iglesia más importante de todo el mudéjar de la provincia de Valladolid. Sea así o no, sus fachadas y pórticos beben de las construcciones almohades y nazaríes que caracterizan Granada o Toledo, por ejemplo.

Distinta, pero no menos interesante, es la alternativa de las casas cueva de Cabezón, pues están en pleno itinerario de la ruta de los Cortados, senda que, desde el pueblo, asciende hasta los altos páramos para ofrecer panorámicas espléndidas y curiosas formaciones naturales que por desprendimientos se han producido en las paredes calizas que miran al Pisuerga. Las casas cueva están en el cerro de Altamira, que es un “cabezo”. Es decir, la forma en que se denomina a determinadas prominencias del terreno. Acaso de ahí venga el nombre de Cabezón, con el Pisuerga a los pies del cerro de Altamira. Es al principio de esta ruta, bordeada por bodegas, donde, si se va atento, se podrán ver numerosas entradas semiderruidas de las antiguas cuevas a poco que indaguemos en las proximidades del camino. No obstante, no todas están destruidas sino, como ya se ha dicho, algunas convertidas en merenderos. De las que se intentaron cegar con explosiones de dinamita o que los derrumbes naturales han medio tapado, algunas se pueden visitar si se carece de temor a las angosturas, aunque la precaución aconseja simplemente otearlas desde el exterior y con el cuidado necesario para no hundirnos en algunas de las antiguas chimeneas.

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